Fonte: http://revistaentrelivros.uol.com.br
ARMINDO TREVISAN
nasceu em Santa Maria, RS, em 1933. Doutorou-se em Filosofia pela Universidade de Fribourg, Suíça, com a tese Ensaio sobre o problema da criação em Bergson (1963). Nesse mesmo ano, fez curso de aperfeiçoamento em Paris. De 1969 a 1970, e de setembro de 1974 a fevereiro de 1975, foi bolsista da Fundação Calouste Gulbenkian, em Lisboa. Atuou como Professor Adjunto de História da Arte e Estética na Universidade Federal do Rio Grande do Sul, em Porto Alegre, de 1973 a 1986. Lecionou, também, no curso de pós-graduação em Artes Visuais da UFRGS até 2000. Poeta, crítico de arte e ensaísta, tem obras traduzidas em várias línguas, especialmente alemão, italiano, espanhol e inglês. Foi escolhido como patrono da 47" Feira do Livro de Porto Alegre.
Alguns prêmios: Prêmio Nacional de Poesia Gonçalves Dias, da União Brasileira de Escritores, em 1964, pelo livro inédito A surpresa de ser; Prêmio Nacional de Brasília, para poesia iné¬dita, pelo original O abajur de Píndaro, em 1972; Prêmio APLUB de Literatura pelo livro A dança do fogo, em 1997.
Poesia: A surpresa de ser (1967), A imploração do nada (1971), Funilaria no ar (1973), Corpo a corpo (1973), O abajur de Píndaro / A fabricação do real (1975), Em pele e osso (1977), O ferreiro harmonioso (1978), O rumor do sangue, 1979, A mesa do si¬lêncio (1982), O moinho de Deus (1985), Antolo¬gia poética (1986), A dança do fogo (1995), Os olhos da noite (1997), O canto das criaturas (1998), Orações para o novo milênio (1999).
TEXTOS EM PORTUGUÊS / TEXTOS EN ESPAÑOL
A DANÇA DO FOGO
(seleção de poemas)
A LUZ DE TUA PELE
À luz de tua pele invento a noite.
Nela me embrenho até à morte alheia.
Ninguém é mais sozinho do que o açoite
que apaga tua luz, e me incendeia.
SOBRE AS PLUMAS
Sobre as plumas da noite quando, amada,
a carne lhe varria o pensamento,
olhou à sua volta, e viu na estrada
os ossos de milhões que a lua ungia:
crematórios, bengalas, dentaduras,
retratos esmaecidos, tristes óculos ...
E meditou no sonho e na loucura.
Como podia amar uma outra carne
se a carne, donde lhe nascera o sexo,
era esse fogo que lavrava forte
nos campos e cidades, semeando
vitríolo e estrume com a mão da morte?
QUISERAM HOSPEDAR-SE
Quiseram hospedar-se no silêncio,
que embriaga o amor depois que os corpos lassos
derramam o perfume de seu vinhos.
Mas não puderam. Triste e sozinhos,
falaram de si mesmos como ausentes.
EMBORA TUA CARNE
Embora tua carne seja a mesma:
quem põe no teu braseiro outro carvão,
e irrita a flama que se torna azul
para variar de língua e de bailado?
Quem faz girar o teu robolo, e afia
a lâmina que não te deixa fria?
O TRÂNSITO
Que fica deste trânsito? É a seda
com sua larva dentro do casulo,
cobrindo a solidão. E, no seu músculo,
a forte pontaria de uma flecha
que, no ar gelado e azul, abate e ave,
sem destruir-lhe vôo tão suave.
A QUEM TE ALÇA
A quem te alça às nuvens, desvalida,
doas teu corpo. E apóias tua mão
numa outra mão, ciente de que o coito
é uma aventura de soldado afoito.
Pois essa subitânea valentia
te reconduz aos pés da noite fria,
onde tua mão é garra de animal:
e vence, de ambos, quem não desconfia.
REFÚGIO
Às praias dão garrafas com mensagens,
ou tábuas em que flutuaram náufragos.
Às praias dão navios com equipagens,
pingüins, baleias que se desnortearam.
Não é diverso o porto de teus lábios:
ali também vão dar tristes suspiros,
Gemidos, alaridos, menoscabos,
e a alegria de giros e regiros
em que te perdes quando amas de fato,
e o teu corpo se rende a um ultimato.
PRIMAVERA
Por que será que penso nos teus lábios
quando avisto, em quintais, limões maduros?
Serão eles, dobrados sobre os muros,
Livreiros que esquadrinham alfarrábios?
Ou hão de perecer polidos cabos
Rumorejando sobre os ares puros?
Eu sempre penso nos limões: dourados,
Guardam-se incorruptíveis, e fechados.
Extraídos de A DANÇA DO FOGO. Porto Alegre: Artes e Ofícios, 2001.
111 p.
TEXTOS EN ESPAÑOL
(Versión española del autor coN la colaboración
de Marta Patrícia Arriaga Díaz).
TRÍPTICO
I.
UN JUDÍO CONFIESA SU CULPA
Ustedes tienen razón: yo soy un judío!
Hijo
de un arameo errante que abandonó su tierra
para seguir una muralla de fuego.
Mis sandalias
son hojas que cayeron de la vid
y mis vestimentas
guardan el aroma de los oasis
por donde paseó mi soledad.
Tengo los ojos llenos de agua:
La sed de la boca y del corazón
me encendió los labios.
Ustedes tienen razón: yo soy un judío!
Si ustedes me dicen: “Vienes de lejos...”
yo os digo: “El corazón
no habita en las nubes,
ni las panteras se liberan
de sus manchas”?!
Y si ustedes insisten: “Perteneces al pueblo escogido”,
yo os pregunto: Por que se apoderaron de nuestro Dios?
de nuestras leyes? y hasta de las voces desgarradas
de nuestros profetas?
Si ustedes me dicen: “Nuestro Redentor
no tiene una almohada adonde reclinar la cabeza...”
yo os digo: es porqué Él es el hijo de una judía
y el espíritu que lo concibió
planeaba sobre el abismo
cuando nuestros profetas
descorrieron las cortinas del Universo.
Si, yo soy un judío!
Es por eso que los sedentarios
del mundo entero
me aprisionan, me torturan, me deguellan,
me fusilan, me encierran en cámaras de gas,
y me obligan a cargas sus culpas
hasta los desiertos de la filosofía.
Muchos hombres que ustedes aman
están conmigo: Abraham, Moisés,
la Sulamita, Job, Coélet, Maimonides,
Freud, Anne Frank, Einstein...
Entonces les pregunto:
Por que no me permiten
escupir en vuestro rostro?
Yo nunca lo haré!
No hay saliva que mancille
un rostro de hombre,
ni aire que destruya
el aire que uno respira!
Ustedes me encontrarán siempre
donde ustedes estén:
en el camino de ustedes mismos!
II.
NO ESCOGÍ EL COLOR DE MI PIEL
No escogí el color de mi piel
que es igual a la piel de cualquier otro hombre.
ella me envuelve por todos lados
más, dentro de esa piel estoy yo: un negro!
Tengo la misma imagen y semejanza
de hombres que poseen otro color de piel;
y yo sé que fue el sol que me quemó
para hacerme más resistente y más hermoso.
Como negro, yo habité un continente
maldecido durante siglos.
fui perseguido por otros hombres
y, algunas veces, también he perseguido hombres de mi color.
Que profundas son las heridas que sangran
dentro y fuera de mi! Podré acaso olvidar
el látigo, los suplicios y la muerte
de aquel tiempo en que codiciaban mi oro y mi marfil?
Yo sé que de nada me sirve crucificarme
en mi propia historia! Ni con furia salvaje
soñar la destrucción de mis perseguidores.
Antes de ser negro, yo soy simplemente un hombre.
Mi gloria es elevarme a la altura
de las palmeras de mis desiertos
y, cuando bramen los leones, echarme
a lo largo de los ríos que inundan mis florestas.
No escogí el color de mi piel!
Veo que la noche borbotea de estrellas,
y que la luna, más que el sol, suaviza
los recodos inaccesibles de mi alma
Siempre fueron blancos vuestro Dios y vuestros ángeles!
Mi corazón sabe que el espíritu vuela
tan veloz que no se consigue ver su color.
Si! El color de Dios es el color del viento.
Yo soy negro y yo soy hombre! Ahora
que la historia abrió de par en par sus puertas,
yo puedo, por primera vez, ser un hombre negro.
La humanidad se hizo más grande conmigo.
Me toca la responsabilidad de perdonar
lo que no puedo sacar, para siempre,
de sobre los hombros de hombres vivos: y con ellos
cargar mi fardo hasta la gran Aurora.
No escogí el color de mi piel
Que es igual a la piel de cualquier otro hombre!
Ustedes también comprenderán que la sangre de los hombres
está debajo de la piel, y es un río de fuego.
Puesto que soy un hombre libre, me amo
como se ama la vida, que también ofrece
la blancura de los dientes para sonreír.
La vida – que nos sumerge en su noche luminosa.
III.
USTEDES ME ESTÁN MIRANDO HACE MILENIOS
Ustedes me están mirando hace milenios, y me comparan
con las estrellas del cielo, con los lirios del campo,
y con las aguas que fluyen, tan luminosas
que en su seno se vislumbran hasta los pequeños peces.
Ustedes serían invisibles sin mí,
y sin mí no pronunciarían una palabra.
Ustedes deploran mi locuacidad
Pero ignoran que mi mudez es también mi desnudez.
Ustedes se sienten capaces de perdonarme
como si yo fuese culpado de la felicidad del mundo.
Y ustedes se autoafirman como el sol,
Que posee la luz en sí, y es una rueda inmóvil.
Ustedes escribieron siempre sobre mi piel,
y grabaron sobre mis huesos resecos
vuestros nombres, como si yo tuviese un nombre,
y como si mi nombre fuese apenas una bandada de vocales.
Ustedes adornaron mi cuello y mis pulsos
con collares y brazaletes, e imaginaron
que mis pies habían sido creados para la danza
y mi cintura para un abrazo inextinguible.
Ustedes se engañaron! Y también me engañaron.
El soplo, que inflamó mis nartinas, viene del mismo fuego
que hacía fulgir el arbusto de Moisés, junto al cual
ustedes dejaron sus sandalias, y yo las mías.
Ustedes ahora saben lo que soy: una mujer.
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