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Sobre Antonio Miranda
 
 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

 

FINA GARCIA MARRUZ

 

Nasceu em La Habana, Cuba, em 1923.

 

Uma das mais expressivas poetisas cubanas, Fina publicou Poemas (1942) e se integrou ao grupo Origenes, sendo o único elemento feminino. Com Transfiguraciones de Jesús en el Monte (1947) e, sobretudo, Las miradas perdidas (1951) ela conquista um lugar de destaque na lírica cubana, que é refor­çado por Visitaciones (1970). Os temas sobre o meio familiar e os hábitos do­mésticos cubanos são tratados por ela em tom de diálogo atenuado pelo forte substrato lírico de seus poemas. Em 1984 foram editadas suas Poesias escogidas e em 1987 Viaje a Nicaragua (em conjunto com seu esposo, Cintio Vitier). Um intimismo habitual e a fé cristã se integraram nos últimos anos a um vibrante canto à Revolução. Em 1990 lhe foi concedido o Prêmio Nacional de Literatura.

VIRGILIO LOPEZ LEMUS

 

 

 

Veja também / Vea también / See also:  FINA GARCÍA MARRUZ: EL SECRETO DEL ENCUENTRO, por Enrique Hernández d´Jesús, fotografia, textos.

 



TEXTOS EN ESPAÑOL / TEXTOS EM PORTUGUÊS

 

 

EL BELLO NIÑO

 

Tú sólo, bello niño, puedes entrar a un parque.

Yo entro a ciertos verdes, ciertas hojas o aves.

 

Tú sólo, bello niño, puedes llevar la ropa

ausente del difunto, distraída y remota.

 

La rapa dibujada, el sombrero del ave.

Tú sólo en ese reino indisoluble y grave

 

has  tocado la magia de lo exterior, las cosas

indecibles. Yo llevo la rapa maliciosa

 

del que de muerte sabe y de amarga inocencia.

Tú no sabes que tienes toda posible ciencia.

 

Mas ay, cuando lo sepas, el parque se habrá ido,

conocerás la extraña lucidez del dormido,

 

y por qué el sol que alumbra tus álamos de oro

los dora hoy con palabras y días melancólicos.  

 

(De: Las miradas perdidas) 1951)

 

 

 

HOMBRE CON NIÑO PEQUEÑO

 

A Octavio

 "cariño de niño

 agua en cestiño”

Refrán popular

 

El mayor que sirve al más pequeño

es a Dios a quien sirve.

Porque el pequeño olvida, el niño

queda atrás en un recinto encantado.

El niño se evapora como un perfume

y no se le puede buscar después

y ni siquiera se puede encontrar él mismo.

 

El mayor que sirve al más pequeño

sirve al que no lo puede acompañar.

Con las manos vacías no irá al Padre

cuando le muestre, entre sus horas,

aquellas en que sostuvo

sus manos débiles como patas de pájaro,

sus ojos que no vieron su cansancio.

Escucha: un niño, una mariposa,

alguien que va a desaparecer, no se sabe

dónde, te nombra, te ama.

 

La dádiva de tu tiempo en ese niño

pertenece a lo hundido, a la raíz,

a lo que no tendrá nunca recompensa.

Su sucesión no la recoge el tiempo.

De ahí la indecible belleza de ese diálogo,

como de peregrinos en una posada,

como de aves que se cruzan.  

 

(De: Visitaciones, 1970)

 

 

DEL TIEMPO LARGO

 

A veces, en raros

instantes, se abre, talud

real y enorme, el tiempo

transcurrido.

Y no es entonces

breve el tiempo. Como el pájaro

al elevar se abarca con sus alas

un diminuto pueblo o costerío,

la inmensidad de lo vivido arrecia,

y se mira remoto el ayer próximo,

en que el pico ávido bajaba

en busca de alimento.

¡Qué eternidad

de soles ya vividos! ¡Y qué completa

ausencia de nostalgia! Para crecer

se vive. Para nacer de nuevo

y rehacer la mala copia original.

Para crecer, se sufre. No se quiere

volver atrás, ni tan siquiera al tiempo

rumoreante de la juventud.  

Que no para que el rostro

luzca lozano y terso se ha vivido.

No para atraer por siempre con el fuego

de la mirada, no con el alma en vilo

por siempre se ha de estar.

De cierto modo

la juventud es también como una cierta

decrepitud: un ser informe,

larva, debatíase, qué peligrosamente

amenazado. Se vivió, se salió,

quién sabe cómo, del hueco,

de la trampa:

Valió el otro

del bosque de la vida, el pleno encanto

de los claros del sol entre lo umbrío

para pagar su precio: lo tanto

costó poco: poco el sufrir inmenso

para esta dádiva. Al rastro

orne la arruga como el pecho la cinta coloreada

de un guerrero

o como al niño la medalla premia

por la humilde labor.

Como el avaro

el peso de un tesoro) encorva

la espalda anciana el peso

del vivir.

Mas ya, arriba,

a la salida,  ya, se mira

hacia atrás sonriendo, renacido,

como agrietada cáscara el polluelo,

ya se van desligando las amarras,

del extraño navío, y como navío trémulo

locamente lo incierto hace señales.

 

Costó dotar, muerte costó, la vida.

Y al tiempo) breve o largo, siempre corto,

como el relámpago del amor, se le mira

ya sin recelo ni amargura

como a las heridas de la mano, en el arduo

aprender de su oficio,

contempla el aprendiz.

 

Bella es toda partida.  

 

(De: Visitaciones: «Segundas partes», 1970)

 

 

Extraídos de VINTE POETAS CUBANOS DO SÉCULO XX; seleção, prefácio e notas de Virgilio López Lemus. Trad. Alai Garcia Diniz, Luizete Guimarães Barros.  Florianópolis: Editora de UFSC, 1995.

 

 

DE CÓMO EL TIEMPO DEVORÓ UN POEMA

Trepó como una hormiga sobre dos preposiciones.
Mascó como un león donde decía palomas.
Desmoronó un pedazo de adjetivo.
Bailó la futileza de la estrofa inicial.
No se tomo el trabajo de destruirlo todo.
Los fragmentos comenzaron a bostezar.
Alguno destelló su poço, hay que decirlo.
Dejó sin nada al lado a la palabra muerte.   

    


NACIMIENTO

El niño está vivo!
Quiere decir que por sus venas
acaban de entrar el sufrimiento,
la gloria, el tédio,
acaba de entrar el interminable Deseo!

Tanto em tan poço!
Qué tranquila epopeya!
¿Dónde se colo el intruso,
cuándo atisbó el descuido el Huésped?
No está dormido, no.
Acaba de poseerlo la vigília
de la vida. Puede ganar,
o perder. Los obrerillos
de las células trabajan y
trabajan: suben los andamios,
se manchan de Blanco,
y, al fin, la obra
está lista.

Él simplemente sonríe.

1970

                                                              

 

 

 

 

 

TEXTOS EM PORTUGUÊS

Trad. Alai Garcia Diniz e

 Luizete Guimarães Barros

 

 

 

Fotografía de Fina García Marruz, cedida por el
fotógrafo y poeta venezolano Enrique Hernández d´Jesús.

 

 

O MENINO BONITO

 

Só você, menino bonito, pode entrar num parque.

Eu entro em certos campos, em certas folhas ou em aves.

 

Só você, menino bonito, pode levar a roupa

ausente do defunto, distraída e remota.

 

A roupa desenhada, o chapéu da ave.

Só você nesse reino indissolúvel e grave

 

tocou a magia do exterior, as coisas

indizíveis. Eu levo a roupa maliciosa

 

de quem sabe da morte e da amarga inocência.

Você não sabe que tem toda a ciência possível.

 

Mas ai! quando o saiba, o parque estará destruído,

você conhecerá a estranha lucidez do adormecido,

 

e por que o sol que ilumina seus álamos dourados

hoje os tinge de ouro com palavras e dias melancólicos.  

 

(De: Las miradas perdidas, 1951)

 

 

HOMEM COM MENINO PEQUENO

 

A Octavio

“cariño de niño

agua en cestiño”

Refrão popular

 

O grande que serve o pequeno

é a Deus quem serve.

Porque o pequeno esquece, o menino

fica atrás num recinto encantado.

O menino se evapora como um perfume

e não se pode buscá-la depois

e nem ele sequer pode encontrar a si mesmo.

 

O grande que serve o pequeno

serve a quem não o pode acompanhar.

Com as mãos vazias não irá ao Pai

quando lhe mostre, entre suas horas,

aquelas em que sustentou

suas mãos frágeis como pés de pássaro,

seus olhos que não viram seu cansaço.

Escuta: um menino, uma borboleta,

alguém que vai desaparecer, não se sabe

onde, te chama, te ama.

 

A dádiva de seu tempo nesse menino

pertence ao fundido, à raiz,

ao que não terá nunca recompensa.

Sua sucessão não a recolhe o tempo.

Daí a indizível beleza desse diálogo,

 como de peregrinos numa pousada,

como de aves que se cruzam. 

 

(De: Visitaciones, 1970)

 

 

DO LONGO TEMPO

 

Às vezes, em raros

instantes, se abre, talude

real e enorme, o tempo

transcorrido.

E então não é

breve o tempo. Como o pássaro

ao elevar-se atinge com suas asas

uma diminuta vila ou encosta,

a imensidão do vivido se fortalece,

e se vê remoto o ontem próximo,

em que o bico ávido descia

em busca de alimento.

Que eternidade

de sóis já vividos! E que completa

ausência de saudade! Para crescer

se vive. Para nascer de novo

e refazer a má cópia original.

Para crescer, se sofre. Não se quer

voltar atrás, nem sequer ao tempo

rumorejante da juventude.

Não é para que o rosto

reluza viçoso e terso que se viveu.

Não para atrair para sempre com o fogo

do olhar, nem com a alma no ar

para sempre se há de estar.

De certo modo

a juventude é também como uma certa

decrepitude: um ser informe,

larva que se debatia, quando perigosamente

ameaçada. A gente viveu, saiu,

sabe Deus como, do oco,

da trapaça:

Serviu-se o outro

do bosque da vida, o encanto pleno

dos clarões do sol entre as sombras

para pagar seu preço: o muito

custou pouco; pouco o sofrer imenso

para esta dádiva. Ao rosto

orne a ruga como ao peito a cinta rubra

de um guerreiro

ou como ao menino premia a medalha

pelo humilde labor.

Como ao avaro

o peso de um tesouro, encurva

às costas velhas o peso

do viver.

Mas já, acima,

à saída, já se olha

para trás sorrindo, renascido,

como o pintinho agride a casca,

já se vão desfazendo as amarras

do estranho navio, e como noivo trêmulo

loucamente o acaso faz sinais.

 

Causou dor, morte causou, a vida.

Em seu tempo, breve ou longo, sempre curto,

como o relâmpago do amor, já é olhado

sem receio nem amargura

como às feridas da mão, no árduo

aprender de seu ofício,

contempla o aprendiz.

 

Bela é toda partida.

 

 

(De: Visitaciones: "Segundas partes", 1970)

 

Extraídos de VINTE POETAS CUBANOS DO SÉCULO XX; seleção, prefácio e notas de Virgilio López Lemus. Trad. Alai Garcia Diniz, Luizete Guimarães Barros.  Florianópolis: Editora de UFSC, 1995. 

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Tradução de Antonio Miranda


DE COMO O TEMPO DEVOROU UM POEMA


Subiu como uma formiga sobre duas preposições.
Mastigou como um leão onde dizia pombas.
Desmoronou um pedaço de adjetivo.
Dançou a futilidade da estrofe inicial.
Não se deu ao trabalho de rasgar tudo.
Os fragmentos começara m a bocejar.
Um deles cintilou seu pouco,  devemos reconhecer.
Deixou sem nada de um lado a palavra morte.

NASCIMENTO

O bebê está vivo!
Quer dizer que por suas veias
acabam de entrar o sofrimento,
a glória, o tédio,
acaba de entrar o interminável Desejo.

Tanto em tão pouco!
Que tranquila epopéia!
Onde filtrou o intruso,
quando espreitou o descuido, o Hóspede?
Não está dormido, não.
A vigília da vida acaba
de possuí-lo. Pode ganhar,
ou perder. Os pequenos obreiros
das células trabalham e
trabalham: sobem os andaimes,
manchados de branco,
e, finalmente,  a obra
está pronta.

Ele apenas sorri.

(1970)


 

 

 



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