ALEX FLEITES
Nació en Caracas, Venezuela, en 1954. Ciudadano cubano. Licenciado en Filología por la Universidad de la Habana. Peta, guionista, dramaturgo, narrador, editor, traductor y periodista. Ha sido jefe de importantes revistas culturales, como El Caimán Barbudo, Cine Cubano, Unión y Arte Cubano.
Obra poética: A dos espacios, 1981; De vital importancia, 1989; Ómnibus de noche, 1995; Un perro en la casa del amor, 2004 y La violenta ternura, 2007.
TEXTOS EN ESPAÑOL / TEXTOS EM PORTUGUÊS
ESPERANDO UN TREN
Hemos pasado la vida esperando un tren
Cada mañana vamos a la estación
con banderas y flores y allí nos estamos
hasta que la noche consiente
que las palmas y la nubes
se hagan un mismo mar de oscuridad
Esperamos un tren, nos dijeron nuestros padres
Esperamos un tren, les contestamos a nuestros hijos
cuando nos miran, con estupor u odio,
saltar por años entre los rieles, disponer la música,
engalanar el andén con humildes plantas del país
Al principio recibíamos noticias de su paso
por ciudades y pueblos de enigmáticos nombres,
pero hoy sólo queda la costumbre de atisbar,
la idea lejana de que nuestra vida se reduce
a esperar un tren, el que nos llevará
hacia conocidos paisajes
donde mujeres cansadas, hombres taciturnos
y niños con ojos disminuidos por el sueño
aguardan un tren para marchar hacia otra estación
en la que otros esperan por viajar,
con idénticos rostros y ademanes a los nuestros
LA ASESINA
Ella lanzaba
pequeñas piedras a su pecho
por ver cómo sonaba,
y si los cristales estallaban
gracias al impacto
Él hubiera preferido que recostara
el oído a su garganta
Habría sentido el mar
y cierta bulla de pájaros
que inauguran el sol
Ella entonces lanzó
guijarros, abrojos
y otras calamidades del camino
El empeño era desecar su alma
Pero la sangre huía en ondas infinitas,
y por una vez más él pudo alzarse
Finalmente
descargó una peña
con toda fuerza de su odio
El sintió que ahora algo se quebraba,
que no habría más domingos,
ni canciones, ni pan sereno,
ni fotos a la orilla del mar,
ni una mano en la noche
buscando la carne querida
Y así no pudo más con tanto peso
Y se puso a morir
con la dignidad
de quien se va lleno de asombros,
intacta la inocencia,
extinguidas las ansias
de volver a empezar
RAZONES
Respeta, piedra, el temblor de la hoja
como el viento perdona tu aspereza
y el poeta comprende la ferocidad de los cuchillos
Bajo los astros,
entre los grumos olorosos,
la piedra, el viento y las hojas
poseen sobradas razones para ser
aun cuando no esté del todo claro
el orden que luego tendrán sobre la tierra
Movidas por el viento,
las hojas muestran, como Jano,
las caras del otoño;
mientras que el sueño de piedra de la piedra
en el fondo es una señal de clara alarma
El cuchillo con que se taja el pan
o se siega la cabeza de los hombres,
nada sabe
Su misión es cortar, viejo designio
El poeta no ama el cuchillo
pero entiende su belleza
Nada crea la piedra si no es su propio sueño
Nada ruede el viento si no es s propi esfuerzo
Nada cante la hoja si o es su propio miedo
En la sombra, el poeta vela las armas
que a su llegada ha de encontrar el día
Nadie forje el acero en las tinieblas
Oficio es de la luz, y del poeta
Extraídos de la Revista de Poesía PROMETEO, nos. 81-82, 2008.
Memorias del XVIII FESTIVAL INTERNACIONAL DE POESÍA DE MEDELLÍN
TEXTOS EM PORTUGUÊS
Tradução de Antonio Miranda
ESPERANDO UM TREM
Passamos a vida esperando um trem
Vamos à estação todas as manhãs
com bandeiras e flores e ficamos
até que a noite permita
que as palmeiras e as nuvens
se tornem um mesmo mar de escuridão
Esperamos um trem, disseram nossos pais
Esperamos um trem, respondemos aos nossos filhos
quando nos olham, com estupor ou ódio,
pular durante anos trilhos, colocar a música,
engalanar a plataforma com as humildes plantas do país
No início recebíamos notícias de sua passagem
por cidades e povoados de nomes enigmáticos,
mas agora só resta o costume de espiar,
a distante idéia de que a vida se reduz
em esperar o trem, o que nos levará
às conhecidas paragens
onde mulheres cansadas, homens taciturnos
e crianças de olhos reduzidos pelo sono
aguardam um trem para irem a outra estação
em que outros esperam para viajar,
com rostos idênticos e acenos para os nossos
A ASSASSINA
Ela arrojava
pequenas pedras ao peito
para ver como soava,
e se os cristais estalavam
por causa do impacto
Teria preferido encostar
o ouvido à sua garganta
Fazia sentido o mar
e certo barulho de pássaros
que inauguravam o sol
Então ele lançou
seixos rolados, abrolhos
e outras calamidades do caminho
O empenho era dissecar sua alma
Mas o sangue fugia em ondas infinitas,
e uma vez mais ele pôde levantar-se
Finalmente
descarregou uma conjura
com toda a fora de seu ódio
Ele sentiu que agora alo se quebrava,
que não mais haveria domingos,
nem canções, nem pão sereno,
nem fotos à beira mar,
nenhuma mão na noite
buscando a carne querida
Assim não suportou mais tanto peso
E se dispôs a morrer
com a dignidade
de quem se vai cheio de assombros,
a inocência intacta,
extintas as ânsias
de recomeçar
RAZÕES
Respeita, pedra, o tremor da folha
como o vento perdoa tua aspereza
e o poeta entende a ferocidade dos punhais
Sob os astros,
entre os grumos olorosos,
a pedra, o vento e as folhas
possuem suficientes razões para serem
mesmo quando não esteja bem clara
a ordem que logo terão sobre a terra
Movidas pelo vento,
as folhas mostram, como Jano,
as caras do outono;
enquanto que o sonho de pedra da pedra
no fundo é um sinal claro de alarme
A faca com que se corta o pão
ou se corta a cabeça dos homens,
nada sabe
Sua função é cortar, velho desígnio
O peta não ama o punhal
mas entende sua beleza
Nada cria a pedra não sendo seu próprio sonho
Nada move o vento senão seu próprio esforço
Na cante a folha senão o próprio medo
À sombra, o poeta vela as armas
que em sua chegada há de encontrar um dia
Ninguém forje o aço nas trevas
Oficio é da luz, e do poeta.
Página publicada em julho de 2008
|