POESÍA COLOMBIANA
PORFÍRIO BARBA JACOB
Nació en Santa Rosa de Osos, Antioquia, Colombia el 29 de julio de 1883. Hijo de Antonio María Osorio y Pastora Benítez, se crio con sus abuelos en Angostura y en 1895 inició su peregrinaje, que lo llevó por varias ciudades del país y, a partir de 1907, a Centroamérica y Estados Unidos.
Fundó en Bogotá, hacía 1902, el periódico literario El Cancionero Antioqueño, que dirigió como Marín Jiménez. Su primera novela, Virginia, fue incautada por "inmoral" por el alcalde de su pueblo natal y se perdió. Entre 1906-1907, en Barranquilla, escribió sus primeros poemas, que hicieron parte de Campiña Florida (1907), donde apareció su más conocido poema, Canción de la vida profunda. Fue en Barranquilla donde adoptó el sobrenombre de Ricardo Arenales, que usó hasta 1922, cuando en Guatemala lo cambió por Porfirio Barba-Jacob, que conservó hasta su muerte.
La razón de cambiar su nombre por el original y enigmático Porfirio Barba Jacob se debió a problemas judiciales ocasionados por un homónimo de Ricardo Arenales.
Su vida fue un continuo y desgarrado peregrinaje por diversos países de América. Estuvo radicado en Guatemala, Honduras, Costa Rica, El Salvador, Cuba, Perú y México, colaborando con toda suerte de publicaciones literarias y políticas. Contradictorio, siempre propenso al escándalo, enriqueció la leyenda sobre su extravagante persona con una producción poética peculiar. Su espíritu errabundo, lleno de pasión y de nostalgia, formó parte esencial de su obra, signada además por la angustia y la sensualidad. Lírico como ninguno, dice de él Nicolás Bayona Posada que poseyó el arte maravilloso de unir a la música de las estrofas una embriagadora melodía de pensamientos originales y alucinantes. Murió en 1942 de la tuberculosis en la Ciudad de México. Cuatro años después de su fallecimiento, el gobierno colombiano en el año de 1946, trasladó sus restos a la república de Colombia. Fuente: wikipedia
TEXTO EN ESPAÑOL / TEXTO EM PORTUGUÊS
LA CANCIÓN DE LA VIDA PROFUNDA
Hay días en que somos tan móviles, tan móviles,
como las leves briznas al viento y al azar.
Tal vez, bajo otros cielos, la gloria nos sonríe,
la vida es clara, undívaga y abierta como el mar.
Y hay días en que somos tan fértiles, tan fértiles,
como, en abril, el campo que tiembla de pasión;
bajo el influjo próvido de espirituales lluvias,
el alma está brotando florestas de ilusión.
Y hay días en que somos tan sórdidos, tan sórdidos,
como la entraña oscura de oscuro pedernal:
la noche nos sorprende con sus profusas lámparas,
en rutiles monedas tasando el bien y el mal...
Y hay días en que somos tan plácidos, tan plácidos,
(niñez en el crepúsculo, lagunas de zafir!...),
que un trino, un verso, un monte, un pájaro que cruza
y hasta las propias penas nos hacen sonreir.
Y hay días en que somos tan lúbricos, tan lúbricos,
que nos depara en vano su carne la mujer:
trás de ceñir un talle y acariciar un seno,
la redondez de un fruto nos vuelve a estremecer.
CANÇÃO DA VIDA PROFUNDA
Há dias em que somos tão móveis, tão móveis
tal breve paina solta aos ventos e ao azar.
Talvez sob outro céu a glória nos sorria.
Clara, undívaga, aberta é a vida como um mar.
E há dias em que somos férteis, e tão férteis
como o campo, em abril, que treme de paixão:
sob o próvido influxo de chuva interior
da alma brotam em nós florestas de ilusão.
E há dias em que nós — tão sórdidos, tão sórdidos! —
somos a entranha de obscuro pedernal:
surpreendem-nos da noite as numerosas lâmpadas,
com moedas rútilas taxando o Bem e o Mal.
E há noites em que somos plácidos, tão plácidos...
(meninice do poente! ah! lagoas de anil!)
que um verso, um trino, um monte, um pássaro que cruza,
as nossas próprias penas nos fazem sorrir.
E há dias em que somos lúbricos, tão lúbricos,
que nos depara em vão sua carne a mulher;
depois de acariciarmos um quadril e um seio,
à redondez de um fruto eis-nos a estremecer...
(Tradução: Abgar Renault)
Página publicada em agosto de 2011
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