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Sobre Antonio Miranda
 
 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


RUBÉN LIGGERA 

RUBÉN LIGGERA 

Rubén Américo Liggera (Junín, Buenos Aires, Argentina,1952). Profesor en Historia y Letras, periodista y poeta. Colabora con medios locales, nacionales y del exterior del país. Ha publicado Pido Gancho, Poesía, 1972; La fuente de los deseos, Poesía, 1973; Cantata Alas (Música del maestro Juan José Martín†), 1987; Director  Propietario de la publicación Horizonte de Cultura, 1989-1995; Agua Desnuda, Poesía, 1990; De espejos, fantasmas y esqueletos. Ensayos sobre la obra literaria de Enrique Anderson  Imbert, Crítica Literaria, 1990; Piadosa Luz, Poesía, 1997(Premio Fundación Banco de Caseros); Woodstock, Poesía, 2001(Premio Poesía, FATSA, 2000) y Cenizas de Alejandría, Poesía, 2008 (Finalista Concurso Internacional de Poesía “Olga Orozco”, revista nómada-UNSAM, 2008. Jurados: Juan Gelman, Argentina; Roberto Gamoneda, España; Gonzalo Rojas, Chile y Jorge Boccanera, Argentina) Ha participado en diversas antologías de cuento y poesía. Integrante del Movimiento Poesía. Animador convocante de Poesía Ciudadana. rliggera@hotmail.com
 

 

Primavera en la laguna 

                         Se posa
la blanca garza
sobre
los maderos podridos.
Mordisquea
vertical
el sol.

          La luz
se despoja
en el agua,
en los juncos

       
 en tu corazón.
 

De Agua Desnuda(1989)

 

Necesario y suficiente 

Para vivir me bastan, ¡Oh, gigantesco abuelo Walt!
del sol
esta minúscula porción cuadrangular,
el dulce
amargor
de un tallo de hierba entre los dientes
y el recuerdo medio tristón de una mujer.

(Un vaivén ya sin rostro. Un contraluz de la memoria.
Apenas
el roce insospechado del perfume de una tarde
contra el lascivo escote del estío.
Acaso
esa liviana desnudez que paseaba su dorada inocencia
por las veredas calientes de Sáenz Peña)

  

Ella, en la montaña 

¡Saltas, Oh, agua!
¡Brincas, Oh, luz!
¡Vuelas, Oh, cabra! 

Liviana como nube recién nacida
te recuestas en mi pecho
                                         de piedra 

¡Y sueñas, Oh, escarabajo!
¡Y duermes, Oh, centella!
 

de Piadosa Luz, (1997)

 

Apolo XI  

Pisoteada y escupida
como un papel de diario
ya nunca te veré como viera
colgar de mi ventana
al amanecer. 

Tampoco yo
aullaré
desnudo sobre la escarcha.
 

De Woodstock (2001) 

 

Blues de la pollera roja  

a mi amiga Claudia Pinto
 

Salió de pronto de las sombras
de la avenida
hacia la luz de la costanera
la enigmática mujer
de la pollera roja
y cintura de destellos
y caderas de océano
y tetitas de aguaviva.
Yo seguí sus pasos
enceguecido por la luz
de la mañana enarbolada
por un sol absoluto
y festivo.
Pero los pies de esa mujer
no marchaban sobre el asfalto
ardiente como los de un simple mortal,
¡qué digo!,
ondeaban en silencio como peces alucinados
entre la multitud;
trajinaban la vida como una ofrenda
sus uñas rosadas;
sus arcos eran delicados como alas de gaviota,
¡rasantes, apenas volaban hacia el poniente!
Pero su grupa,¡ah, compañeros!,
¿cómo hablar de pronto de ese grito animal,
de ese terco alboroto, de ese llamado oscuro
de la vida? 

Las palabras son las piedritas que los poetas
alinean y desalinean sin mucha suerte
todos los días sobre la arena
y luego el mar las desgasta, las alisa y pule
y se las lleva lejos
y las trae nuevamente para hilar candorosos versos
que nos hablen de lo que no sabemos,
nunca sabremos
o apenas intuimos.
Es posible que ya no haya representaciones redondas
puras y certeras
para decir la buena nueva de esta vida,
más aún, ahora, que la mujer de la pollera roja
clava sus ingrávidos talones en la arena
y sus nalgas nos están diciendo desvergonzadamente
adiós. 

Entonces comprendemos que no fue más que una visión,
un amable y extraño desvarío,
otro más,
una mañana un verano radiante en Necochea,
que nunca más sabremos de ella,
que sus huellas en la playa no durarían más
que la luz de ese día, 

que los poetas  finalmente no podrán iluminar la noche fría
con el calor apenas humano de sus ociosas palabras
en vacaciones.
 

De la serie Blues, (inéditos) 

 

El Diego 

No puede
on el mortificante
peso
de ser Dios
                     tan humano.

 

 de Piedrausente, (inédito)

 

TEXTOS EM PORTUGUÊS
Tradução de Antonio Miranda

 

 Primavera na lagoa

                                  Pousa
a garça branca
nas toras podres.
Morde
vertical
o sol.

                   A luz
dissipa-se
na agua,
nos juncos
e
                   em teu coração.

De Agua Desnuda(1989)

 

 Necessário e suficiente 

Para viver bastam-me, oh, gigantesco avô Walt!
do sol
esta minúscula porção quadrangular,
o doce
amargor
de um talo de erva entre os dentes
e a lembrança meio triste de uma mulher.

(Um vai-e-vem sem rosto. Uma contraluz da memoria.
Apenas
o roce insuspeitado do perfume de uma tarde
contra o lascivo decote do estio.

Talvez
essa leve desnudez que passeava sua dourada inocência
pelas veredas quentes de Sáenz Peña)
 

de Piadosa Luz, (1997)

 

Apolo XI  

Pisoteada e cuspida
como um papel de jornal
nunca mais te verei como via
pendurar de minha janela
o amanecer.

Tampouco eu
uivarei
desnudo sobre a geada.
 

De Woodstock (2001) 

 

Blues da saia vermelha 

                             Para a amiga Claudia Pinto


Saiu de repente das sombras
da avenida
para a luz do passeio
a enigmática mulher
da saia vermelha
e ancas de océano
e seios de agua-viva.
Sigo seus passos
ofuscado pela luz
da manhã arborecida
por um sol absoluto
e festivo.
Mas os pés dessa mulher
não andavam sobre o asfalto
ardente como os de um simples mortal,
que digo?!,
ondeavam em silêncio como peixes alucinados
na multidão;

levavam a vida como uma oferenda
suas unas rosadas;
seus arcos eran delicados como asas de gaivota,
radiantes, apenas voavam para o poente!
Mas sua garupa, ah!, companheiros!
como falar de repente desse grito animal,
desse terco alvoroço, desse intitulado escuro
da vida?

As palabras são as pedrinhas que os poetas
alinham e desalinham sem muita sorte
todos os días sobre a areia
e depois o mar as desgasta, as alisa e pole
e as leva para longe
e as trai novamente para compor candorosos versos
que nos falam do que não sabemos,
nunca saberemos
ou apenas intuimos.

É possível que já não haja representações redondas
puras e certeiras
para dizer da boa nova desta vida,
ainda mais, agora, que a mulher da saia vermelha
crava seus ingrávidos calcanhares na areia
e as nádegas nos dizem desavergonhadamente
adeus.

Então compreendemos que não mais que uma visão,
um amável e estranho desvario,
outro mais,
manhã de um verão radiante em Necochea,
que nunca mais saberemos dela,

que suas pegadas na praia não durariam mais
que a luz desse dia,
que os poetas finalmente não poderão iluminar a noite fría
com o calor apenas humano de suas ociosas palavras
em férias.

De la serie Blues, (inéditos)

 

O Diego

 
Não podes
com o mortificante
peso
de ser Deus
                             tão humano.
 

 

de Piedrausente, (inédito)

 

 

Página publicada em fevereiro de 2009

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