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Sobre Antonio Miranda
 
 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


JORGE BOCCANERA

From:  www.diarioperfil.com.ar 

JORGE BOCCANERA

Jorge Boccanera (Bahía Blanca, 1952) es un poeta y periodista argentino.

Vivió parte de su exilio en México y Costa Rica. En su quehacer literario ha publicado además textos de crónica y de ensayo. En 1976 obtuvo el Premio Casa de las Américas de Cuba y un año después el Premio Nacional de Poesía Joven de México. Hizo clases de literatura y periodismo en la Universidad de Costa Rica y en la Universidad Nacional de Lomas de Zamora (Argentina). Fue jefe de redacción de los semanarios Crisis de Argentina, [[Plural]] de México y, [[Aportes]] de Costa Rica, y editor del suplemento cultural Forja de la Universidad de Costa Rica. Su poesía ha sido vertida (traducida) al inglés, francés, italiano y otros idiomas.

Durante la dictadura militar argentina (1976-1983), Boccanera se exilió en México. Regresó a su país en 1984, sin embargo, en 1989, se fue a vivir a Costa Rica, donde residió hasta 1997, año en el que retornó a Buenos Aires.

Actualmente vive en Buenos Aires y trabaja en la agencia de noticias Télam. Dirige además la Cátedra de Poesía Latinoamericana de la Universidad Nacional de San Martín en Buenos Aires y es además director de la revista cultural "Nómada". Varios de sus textos han sido convertidos en letras de canciones por artistas como Mercedes. En mayo de 2008 ganó el VIII Premio Casa de América de Poesía Americana con su obra "Palma Real".

Obra poética: Los espantapájaros suicidas, 1974; Noticias de una mujer cualquiera, 1976; Contraseña, 1976; Poemas del tamaño de una naranja, 1979; Música de fagot y piernas de Victoria, 197; Los ojos del pájaro quemado, 1980; Polvo para morder, 1986; Sordomuda, 1991; Zona de Tolerancia, 1998; Bestias en un hotel de paso, 2001; Antología personal, 2001; Poemas, 2002.; Servicios de insomnio, 2005; Jadeo del viaje, (Disco compacto, editado en México) 2007.
Fuente: wikipedia
 

TEXTOS EN ESPAÑOL     /    TEXTOS EM PORTUGUÊS

 

FLASH BACK

Hay una habitación a oscuras
y un hombre dentro de la oscuridad.
Hay un corazón oscuro dentro del hombre
y un rostro de mujer dentro del corazón.
El hombre se pregunta:
¿quién puede dormir esta noche si los pechos
de la mujer aquella saltan sobre el alambre del
recuerdo y caen entre mis manos?
Se pregunta:
¿quién puede dormir esta noche,
si una mujer apedrea mi piel desde sus labios?

En cualquier calle de la ciudad vacía puede
encenderse un rostro de mujer,
que entra a la habitación,
se desnuda callado sin encender la luz,
y se recuesta.

El silencio se duerme en la saliva de una mujer y un hombre.
En la mesa de todos los días,
una manzana abierta golpea contra la oscuridad.


ORACIÓN  /   VI

Lluvia,
somos dos extranjeros.
Mi nombre — como el tuyo — es una travesía,
un deambular por puertas cerradas para siempre.
La gente entra en mi sueño como por otra casa
y tus breves colores se deshacen contra el olvido,
pero y alo sabemos:
no hay nada que tratar con su navaja,
nada que preguntar en sus regiones.

Lluvia,
somos dos extranjeros.
Nos separa una herida.


ALEJANDRA PIZARNIK ABRE
SU CUADERNO DE APUNTES

 
         A Jorge Arturo

El hombre que saca la cabeza del agua,
es un pez que se asfixia.
El pez que mete la cabeza en el agua,
es un hombre y se ahoga.

El poeta escribe en la línea de agua,
                                      y se asfixia,
                                      y se ahoga.


SERVICIO DEL INSOMNIO

         A Vicente Muleiro

Apilo noches cada noche.
Paredones de sombra donde mi sombra reza, traga
un bocado, un ruido de hojas secas.
Es a destajo y es de mala gana.
Yo tuve otros trabajos.  Eso está en otra historia.
Ahora dedicación, la vista baja.
Castigo de las manos, pena. Una sobre la otra,
apilo  noches, de barro son, cuadradas.
Ahora dedicación, la paga escasa
Reseca es esta noche, hosca, de madres muertas.
Yo tuve otros empleos. Eso está en otro cuerpo.
Ahora dedicación, la lengua muda.
Soy el que apila noches toda la santa noche.
El que traslada escombros de una carta a la otra.

 

De
Jorge Boccanera
Marimba.  Antología poética
Caracas: El Perro y la Rana, 2010. 
231 p  ISBN 978-980-1’4-0534-4

 

ORACIÓN
(por un extranjero)

1980
(fragmentos)

 

 

Vieja fotografía

de un hombre sentado en una mesa del bar El Boulevard.

Vieja fotografía en blanco y negro donde te estoy

pensando:

 

Mazatlán malecón

Paola/Paola

 

Viejo papel

 

penetrado por el roce de unas manos ingenuas,

por músicas diversas,

y por los gallos ciegos del olvido

| que sin anuncio alguno

han saltado el alambre de todos los abrazos

y caminan sin rumbo por mi voz.

lacen más raro el aire,

anposible la luz.

Los gallos ciegos del olvido

ane dejan en la boca sus plumas chamuscadas

por el odio de mayo,

caratos picotean

míos cristales rotos de la ausencia.

Contra la puerta escupen su lágrima pesada.
Me gritan: ¡no va más!

Y yo digo tu nombre,
y no soy nadie porque soy el otro.,
Acaso el extranjero que descubrió tu rostro
y se animó a escribirlo.
Pueden verlo,

está sentado solo masticando esa ausencia,

la sombra de algún gato rasguña la pared.

Todo esto es un insomnio.   

El hombre de la fotógrafa el transmigrante el otro

no descansa.

Las sábanas humeantes lo atestiguan

(el vino derramado y un puñado de moscas).

 

Y lo que ha pronunciado en un descuido

rueda como la malgastada cuchara del adiós,

y le roza los labios al ahogado

para luego perderse

sobre los techos rojos de Janitzio.

 

Pueden verlo,

el otoño dibuja con sus manos y va diciendo ropa

sobre una silla o cama.

El mar hace sus números de siempre.

Latigazos de sombra desordenan tu cuerpo.

Esto va a amanecer.

 

 

III

 

Cuando sucede tu recuerdo

los gallos que yo nombre me clavan en los ojos

sus preguntas

o retroceden, lloran, resbalan

en el barro del insomnio, grotescos son

y más.

Se endeudan con mi sangre,

tiznan al corazón con tanto insulto.

Y ya no hay quien los mueva.

No hay escobas, baldazos de odio hirviendo,

ni patadas al aire o navajazos.

Y me queda en la boca un gusto a incendio,

una mujer que siempre dice adiós

con sus labios de pólvora mojada.

 

Ahora,

tu nombre se deshace

contra la memoria de las piedras.

 

 

==================================================


TEXTOS EM PORTUGUÊS
Tradução de Antonio Miranda

FLASH BACK

Um quarto às escuras
e um homem dentro da escuridão.
Um coração escuro dentro do homem
e um rosto de mulher dentro do coração.
O homem se pergunta:
quem pode dormir esta noite se os seios
daquela mulher pulsam no arame da
lembrança e caem entre minhas mãos?
Perguntamos:
quem pode dormir esta noite,
se uma mulher agride minha pele desde seus lábios?

Em qualquer rua da cidade vazia Poe
acender-se um rosto de mulher,
que entra no quarto,
despe-se calada sem acender a luz,
e se deita.

O silêncio dorme na saliva de uma mulher e de um homem.
Na mesa de todos os dias,
uma maçã aberta golpeia contra a escuridão.


ORAÇÃO / VI

Chuva,
somos dois estrangeiros.
Meu nome — como o teu — é uma travessia,
um deambular por portas fechadas para sempre.
A gente entra em meu sonho como por outra casa
e tuas cores breves se desfazem contra o esquecimento,
mas já sabemos:
não há nada que fazer com sua navalha,
nada que indagar em suas regiões.

Chuva,
somos dois estrangeiros.
Nos aparta uma ferida.


ALEJANDRA PIZARNIK ABRE SEU
CADERNO DE NOTAS


         a Jorge Arturo

O homem que tira a cabeça da água,
é um peixe que se asfixia.
O peixe que mete a cabeça na água,
é um homem e se afoga.

O poeta escreve na linha da água,
                            e se asfixia,
                            e se afoga.


SERVIÇOS DA INSÔNIA

         a Vicente Muleiro


Empilho noites a cada noite.
Paredões de sombra onde minha sombra reza, traga
um bocado, um ruído de folhas secas.
E por excesso é de má vontade.
Eu tive outras tarefas. Mas em outra história.
Agora, a dedicação, a vista baixa.
Castigo das mãos, pena. Uma sobre a outra,
empilho noites, de barro são, quadradas.
Agora a dedicação, pagamento escasso,.
Seca é a noite, forca, de mãos mortas.
Eu tive outros empregos. Está em outro corpo.
Agora a dedicação, a língua muda.
Sou o que empilha noites toda santa noite....
O que translada escombros de uma carta para outra.


FALAM OS OLHOS DE NAZIM HIKMET

Em minha mão,
a metade de uma maçã brilha.
O outra metade está sobre uma mesa a milhares de
         quilômetros daqui.
É impossível morder esta metade
         sem que doa o vazio.

 

ORAÇÃO PARA UM ESTRANGEIRO
(1980)
(fragmentos)

I
Velha fotografía
de um homem sentado numa mesa do bar El Boulevard
Velha fotografía em preto e branco onde estou
pensando em ti:

Mazatlán beira-mar
Paola/Paola

Velho papel
penetrado pelo roce de mãos ingênuas,
por músicas diversas,
e pelos galos cegos do esquecimento
que sem prévio anúncio
saltaram a cerca de todos os abraços
e caminham sem rumo por mina voz.
Tornam mais rarefeito o ar,
a luz impossível.
Os galos cegos do esquecimento
deixam em outra boca plumas chamuscadas
pelo ódio de maio,
a intervalos picando
os cristais rotos da ausencia.
Contra a porta cospem sua lágrima pesada.
Gritam: Não irás!

E pronuncio teu nome,
e não sou ninguém porque sou o outro.
Talvez o estrangeiro que descobriu teu rosto
e se animou a escrevê-lo.

 

II

Podem vê-lo,
até sentado só, mastigando esta ausência,
a sombra de algum gato arranha a parede
Isso tudo é uma insônia.
O homem da fotografía o transmigrante a outro
não descança.
Os lençóis transparentes testemunham
(o vino derramado e uma quantidade de moscas).

E o que pronunciou por um descuido
resvala como a desgastada colher do adeus,
e roça os lábios do afogado
para depois perder-se
pelos tetos vermelhos de Janitzio.

Podem vê-lo,
o outono desenha com suas mãos e vai dizendo roupa
sobre uma cadeira ou cama.
O mar faz seus números de sempre.
Látigos de sombra desorganizam teu corpo.
Está por amanhecer.


III
Quando acontece tua lembrança
os galos que eu nomeio cravam em mis seus olhos,
suas perguntas
ou retrocedem, choram, revalam
na argila da insônia, grotescos são
e mais.
Ficam em dívida com meu sangue,
tingem o coração com tanto insulto.
E não há mais que os remova.
Não há escovas, caldeirão de ódio fervendo,
nem patadas no ar ou navalhadas.
E resta em minha boca um gosto de incêndio,
uma mulher que sempre diz adeus
com seus lábios de pólvora molhada.

Agora,
teu nome se desfaz
contra as memorias das pedras.

 

Página publicada em setembro de 2009; página ampliada e republicada em abril de 2011;


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