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Sobre Antonio Miranda
 
 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

ENRIQUE MOLINA

Enrique Molina, en foto de Claudio Elias
(dominio público)

ENRIQUE MOLINA

(1910-1997)




Poeta argentino nacido en Buenos Aires en 1910. Su espíritu aventurero lo llevó a vivir una vida intensa como tripulante de barcos mercantes en el Caribe y Europa, experiencia que le sirvió para dotar con un carácter universal su expresión artística tanto en la poesía como en la pintura. Identificado con las ideas y los fines del movimiento surrealista, fundó en 1952, con Aldo Pellegrini, la revista A partir de cero.

 

Considerado como uno de los más importantes poetas de Latinoamérica, obtuvo importantes galardones entre los que merece destacarse el Gran Premio Fondo Nacional de las Artes 1992.Su obra está contenida en las siguientes publicaciones: «Las cosas y el delirio» en 1941, «Pasiones terrestres» en 1946, «Costumbres errantes o la redondez de la tierra» en 1951, «Amantes antípodas» en 1961, «Fuego libre» en 1962, «Las bellasfurias» en 1966, «Monzón Napalm» en 1968, «Los últimos soles» en 1980 y  «El ala de la gaviota» en 1985.

Falleció en Buenos Aires en 1997.

Fuente de la biografía: http://amediavoz.com/

 

 

TEXTOS EN ESPAÑOL    /    TEXTOS EM PORTUGUÊS

 

 

ALTA MAREA

 

Guando un hombre y una mujer que se han amado se separan

se yergue como una cobra de oro el canto ardiente del orgullo

la errónea maravilla de sus noches de amor

las constelaciones pasionales

los arrebatos de su indómito viaje sus risas a través

                   de las piedras sus plegarias y cóleras

sus dramas de secretas injurias enterradas

sus maquinaciones perversas sus cacerías y disputas

el oscuro relámpago humano que aprisiono un instante

                   el furor de sus cuerpos con el lazo fulmíneo de las antípodas

los hechos a

la deriva en el oleaje de gasa de los sueños

la mirada de pulpo de la memoria

los estremecimientos de una vieja cubierta de pronto

                   con la palidez de la tristeza y todos los gestos del abandono

dos o tres libros y una camisa en una maleta

llueve y el tren desliza un espejo frenético por los rieles de la tormenta

el hotel da ai mar

tanto sitio ilusório tanto lugar de no llegar nunca

tanto trajín de gente circulando con objetos inútiles

                    o enfundadas en ropas polvorientas

pasan cementerios de pájaros

cabezas actitudes montarías alcoholes y contrabandos

          informes

cada noche cuando te desvestías

la sombra de tu cuerpo desnudo crecía sobre los muros hasta el techo

los enormes roperos crujían en las habitaciones

          inundadas

puertas desconocidas rastros vírgenes

los desastres imprecisos los deslumbramientos de la

          aventura

siempre apunto de partir

siempre esperando el desenlace

la cabeza sobre el tajo

el corazón hechizado por la amenaza tantálica del

mundo

         

Y ese reguero de sangre

un continente sumergido en cuya boca aun hierve

                   la espuma de los días indefensos bajo el soplo del sol

el nudo de los cuerpos constelados por un fulgor de

                                                          lentejuelas insaciables

esos labios besados en otro país en otra raza en otro

                                      planeta en otro ciclo en otro infierno

regresaba en un barco

una ciudad se aproximaba a la borda con su peso de

sal como un enorme galápago

todavía las alucinaciones del puente y el sufrimiento

 del trabajo marítimo con el desplomado

                   trono de las olas y el árbol de la hélice que pasaba

                                                justamente bajo mi cucheta

este es el mundo desmentido el mundo sin reemplazo

          el mundo desesperado como una fiesta en su huracán

                                                                             de estrellas
pero no hay piedad para mi  
ni el sol ni el mar ni la loca pocilga de los puertos

 

ni la sabiduría de la noche a la que oigo cantar por

          la boca de las aguas y de los campos con las violencias de este

                   planeta que nos pertenece y se nos escapa

entonces tu estabas al final                                       

esperando en el muelle mientras el viento me devolvía   

                                                [a tus brazos como unpájaro

en la proa lanzaron el cordel con la bola de plomo

                             en la punta y el cabo de Manila fue recogido

todo termina

los viajes y el amor

nada termina

ni viajes ni amor ni olvido ni avidez

todo despierta nuevamente con la tensión mortal de

                                      la bestia que acecha en el sol de su instinto

todo vuelve a su crimen como un alma encadenada

                                                          a su dicha y a sus muertos

todo fulgura como un guijarro de Dios sobre la playa

unos labios lavados por el diluvio

y queda atrás

el halo de la lámpara el dormitorio arrasado por la vehemencia

          del verano y el remolino de las hojas sobre las sábanas vacías

y una vez más una zarpa de fuego se apoya en el

                                                                    corazón de su presa

en este Nuevo Mundo confuso abierto en todas

          direcciones

donde la furia y la pasión se mezclan al polen del Paraíso

y otra vez la tierra despliega sus alas y arde de sed

intacta y sin raíces

cuando un hombre y una mujer que se han amado

se separan.

 

                                                                             (Amantes antípodas)

 

 

ALGÚN VESTIGIO DE TU PASO

 

La dulzura de recordar el sol en la espiral del sueño

y el vano poder de haber ido tan lejos.

 

Es tan extraño perdurar, oír aún

la grave letanía de los huesos y el hechizo del mundo.

 

Déjame ver, déjame ver:

alguien me condujo hasta aquí y se oculta,

 

cubierto de grandes praderas, de climas,

refugios baldíos, luces que brillan

 

en el faro donde la tierra termina.

Salido de lugares inciertos, de trópicos y lluvias,

 

voraz como fuego, intruso,

la huella de sus dientes y sus besos en la manzana.

 

¿De quién es ese rostro desconocido entrevisto

donde se pierde? Es incierto y ansioso

 

extraviado en la fábula oscura de mi vida.

Adiós, sombra mía.

 

 

Una silla natural

 

          Silla remota oliendo a província con sus sentados 
                    desconocidos que estallan en carcajadas ante
                    el carbón de sus sopas

          como un mueble congénito próprio de mi raza
          un ídolo tallado en la sombra doméstica
          en la habitación infestada por enormes moscas azules

          Pero sin explicación ni palavra ni bautismo
          oferecida por el hospício
          se hincha furiosamente como un artefacto delirante
                    en la carpintería del caos
          donde no son más terribles las abluciones de las estrelas
          y el llanto de los muertos
          que este objeto implacable y ritual apostado em mi destino:
          una silla
          la ciega esfinge de cocina contra cuyas membrnas inmensas
                    atruenan los astros

                                                 (De Amantes antípodas)

 

Comarca propia

 

          Mi país es falso y sin techos cavando en la tierra como u
                    perro cavando en el cielo
          cavando en el alma ¿para qué? En su rincón com la espuma
                    de las moscas.
¡Estrellas! De noche es inútil encogerse
                    como un feto.
          No por eso deja de oírse el señorío famélico de los órganos y
                    su súplica
          ¡aunque uno no vuelva a aquellos días y a la negra circundada
                    por el sudor de las flores del mundo 
                    a aquellas caricias que hacían blasfemar de placer a los
                    cocheiros fúneros!

          Fundado en la corriente mi país desnudo hace con sus dientes
                    y sus anzuelos um rumor de supersticiones bajo los
                    plátanos
          ¡entonces una ola radiante como la siesta de la primera
                    masturbación al pie del molinho como el primer
                    descubrimiento de un astro hembra entre los pliegues
                    del sueño!
          Y no importa
          llorar em su piedrapaís errante mío farsante
         
¿Por qué rechazaré tanto um cuerpo que quiero? ¿Por qué
                    desearé tanto um cuerpo que abandono...? País cocodrilo
                    perpetuo al acecho al sol em el bello fango
          País droga
          ¡Partenón de hierbas podridas y estrelas con tu gracia tentálica
                    y esas vastas y ociosas imágenes salvajes del infinito
                    cubiertas de lianas...!

                                                  (De Amantes antípodas)

 

Extraído de

 

POESÍA SEMPRE  Ano I  - Número 1  -  Janeiro 1993
Rio de Janeiro: Ministério da Cultura. Fundação Biblioteca Nacional. Departamento Nacional do Livro.  ISSN 0104-0626   Ex. bibl. Antonio Miranda

 / Aparece na revista com o nome abrasileirado: HENRIQUE MOLINA/

 

Descenso al Olvido

 

He aquí los muertos, sentados, inmóviles alrededor del Tiempo; adorando su pálida, eterna hoguera, extrañamente sombríos en su reunión solitaria.

Ahí están, invadidos por marañas azules;

poblados por húmedas músicas, por tenaces cigarras.

Sobre ellos el cierzo ha pesado, y sus gestos de antaño, sus cuerpos de vapor,

se condensan de súbito en alargadas lluvias.

No; no hables un idioma olvidado. No pronuncies tu nombre.

Que no giren con letal lentitud la borrada, tormentosa cabeza.

Que no te reconozcan sus huecos corazones comidos por los pájaros.

 

         (Las Cosas y el Delirio)

 

 

 

Dioses de America

 

Como rayos que parten al destierro,

con el viejo alarido de sus víctimas

uno a uno pasaron, rodando de la pétrea corona del altar

que sostuviera su pavor espléndido.

Su nube a solas, con sus mitos fríos

gira al relente, como un triste pájaro;

y de la hoguera,

sólo la llama de la ortiga sube

al pie de unas pirámides truncadas por los tiempos.

Ninguna sombra allí posa la ofrenda,

ni el ojo del humano, bajo las lágrimas, contempla

fulgir en el vacío su cólera emplumada.

Dioses de America. Sólo el caimán azota
con su cola de fango vuestro orgulloso imperio.
Esparcidos collares de dientes y de guerras
donde agoniza el trueno como una bestia herida
y la funesta tierra del silencio devora
el cuchillo de ónix, la vasija cerámica
con su muerto en cuclillas
en cuyos verdes labios de piel seca aún fulgura
el Salmo de la Lluvia,
el Salmo del Huevo,
el Salmo de la Luz y la Serpiente.

 

Máscaras impregnadas por la resina de la tea,
iluminad el páramo, la nieve,
y la piel de los siglos sobre los escalones
donde como un ligero torbellino de polvo
aún reza el sacerdote de orejas espinadas que descifra el oráculo. Fabulosos globos de monstruos y plumas, dioses,
cumbres de pánico y grandeza.

 

¿Quién soy ante vosotros, siervo de un dios más alto

                                               en cuya palma herida
sólo se posa la paloma ardiente de la expiación?
Ignoro vuestros cetros,

sólo sé de vosotros la ruina, la humillada ceniza de la hoguera,

la escalera de piedra, el disco derribado,

la momia que farfulla entre las lagartijas sus plegarias solares,

vuestra eterna alabanza,

vuestra ley, ¡oh vencidas potestades amargas!

Sin embargo, a menudo, entre la tempestad,

oigo el aullido de esos duros imperios devastados,

el rumor de unas perdidas glorias

que el polvo diviniza.

 

 

 

 

 

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TEXTOS EM PORTUGUÊS

 

MARÉ ALTA

 

Quando um homem e uma mulher que se amaram se separam

surge como uma cobra de ouro e canto ardente do orgulho

a equivocada maravilha de suas noites de amor

as constelações passionais

os arrebatamentos de sua indômita viagem seu riso através

                                      das pedras suas preces e cóleras

seus dramas de secretas injúrias enterradas

suas perversas maquinações as caças e disputas

o escuro relâmpago humano que aprisionou um instante

          o furor de seus corpos com o laço fulmíneo dos antípodas

os fatos à deriva no marulhar da gaze dos sonhos

o olhar de polvo da memória

o estremecimento de uma velha coberta repentina

          com a palidez da tristeza e todos os gestos do abandono

dois ou três livros e uma camisa na mala

chove e o trem desliza espelhos frenéticos pêlos trilhos da tormenta

o hotel dá para o mar

tanto lugar ilusório tanto lugar do não chegar nunca

tanto vaivém de pessoas circulando com objetos inúteis

                                      ou enfronhadas em roupas poeirentas

desfilam cemitérios de pássaros

cabeças atitudes montanhas álcool e contrabandos

          informes

cada noite quando te despias

a sombra de teu corpo nu engordava nas paredes

                                                                   até o teto

os enormes guarda-roupas rangiam nos quartos

          inundados

portas desconhecidas rostos virgens

desastres imprecisos deslumbramentos da

          aventura

sempre a ponto de partir

sempre esperando o desenlace

a cabeça no cepo

o coração enfeitiçado pela ameaça tantálica do

          mundo

 

E esse arroio de sangue

um continente submerso em cuja boca ainda ferve

                   a espuma dos dias indefesos sob a baforada do sol

o enlace dos corpos constelados por um fulgor de

                                                          insaciáveis lantejoulas

esses lábios beijados em outro país em outra raça em outro

                                      planeta em outro céu em outro inferno

regressava em um navio

uma cidade ia se aproximando da margem com seu peso de

                                                sal como um enorme cágado

          ainda as alucinações da ponte e o sofrimento

                             do trabalho marítimo com o desmoronado

                   trono das ondas e a árvore da hélice que passava

                             justamente por baixo de meu camarote

este é o mundo desmedido mundo sem substituto

          mundo desesperado como uma festa em seu vendaval

                                                                             de estrelas

não há no entanto piedade para mim

nem o sol nem o mar nem a louca pocilga dos portos

nem a sabedoria da noite que ouço cantar pela

                             boca das águas e dos campos com as violências

                                      deste planeta que nos pertence e nos escapa

afinal estavas então

esperando no cais enquanto o vento me devolvia

                                                          a teus braços como um pássaro

da proa lançaram a corda com a bola de chumbo

                                                na ponta e o cabo de Manila foi recolhido

tudo se acaba

as viagens e o amor

nada termina

nem viagem nem amor nem esquecimento nem avidez

tudo desperta novamente com a tensão mortal

                             da besta que espreita o sol de seu instinto

tudo volta ao local do crime qual alma acorrentada

                                                          à sua dita e a seus mortos

tudo fulgura como um seixo de Deus sobre a praia

alguns lábios lavados pelo dilúvio

e para trás fica

o halo da lâmpada o dormitório arrasado pela veemência

          do verão e o redemoinho das folhas sobre os lençóis vazios

e uma vez mais uma sapata de fogo instala-se

                                                          no coração de sua presa

neste Novo Mundo confuso e aberto a todas as

          direções

onde a fúria e a paixão mesclam-se ao pólen do Paraíso

e outra vez a terra decola suas asas e arde de sede

intacta e sem raízes

quando um homem e uma mulher que se amaram

se separam.

 

(Amantes antípodas)

 

 

Poemas extraídos da obra POESIA ARGENTINA 1940-1960 edição bilíngüe.  Seleção, prefácio e tradução de Bell Jozef. São Paulo: Iluminuras, 1990.
Edição com o apoio do Intituto Cultural Brasil-Argentina (Embaixada da Argentina).

 

 

 

ALGUM VESTÍGIO DE TUA PASSAGEM

 

            Tradução de Antonio Miranda

 

A doçura de lembrar o sol na espiral do sonho
e o poder vão de ter ido tão longe.

 

É tão estranho perdurar, ouvir ainda

a grave ladainha dos ossos e o feitiço do mundo.

 

Deixe-me ver, deixe-me ver:
alguém me conduziu até aqui e se esconde,

Coberto de grandes prados, de climas,
refúgios baldios, luzes que brilham

no farol onde a terra termina.

Saído de lugares incertos, de trópicos e chuvas,

voraz como o fogo, intruso,
o vestígio de seus dentes e seus beijos na maçã.

De quem é esse rosto desconhecido pressentido
onde se perde?  É incerto e ansioso

extraviado  na fábula escura de mina vida.
Adeus, sombra minha.
 

 

 

 

Um sofá natural

           Sofá remoto cheirando a província com seus sentados
                    desconhecidos que estalam em gargalhadas  diante
                    do carvão de suas sopas
          como um móvel congênito próprio de minha raça
          um ídolo talhado na sombra doméstica
          no quarto infectado de enormes moscas azuis

          Mas sem explicação nem palavra nem batismo
          oferecida pelo hospício
          incha furiosamente como um artefato delirante
                    carpintaria dos caos
          onde não são mais terríveis as abluções das estrelas
          e o pranto dos mortos

          que este objeto  implacável e ritual colocado em meu destino:
          um sofá
          a cega esfinge de cozinha contra cujas membranas imensas
                    trovejam os astros

                                                  (Tradução de Antonio Miranda)

         

         
         
 Comarca própria

 

          Meu país é falso e sem tetos cavando na terra como um cão
          cavando no céu
          cavando na alma, para quê? Em seu canto com a espuma
                    das moscas. Estrelas! De noite é inútil encolher-se
                    como um feto.
          Nem por isso deixa-se de ouvir o senhorio famélico dos órgãos
                    e sua súplica
          embora a gente volte àqueles dias e à negra circundada pelo
                    suor das flores do mundo
          àquelas carícias que faziam blasfemar de prazer os cocheiros
                    fúnebres!

          Fundado na corrente meu país despido faz com seus dentes
                    e seus anzóis um rumor de superstições sob as
                    bananeiras
          então uma onda radiante como sesta da primeira
                    masturbação ao pé do moinho como o primeiro
                    descobrimento de um astro fêmea entre as dobras
                    do sonho!
          E não me importa
          chorar em sua pedra país errante meu farsante
          Por que rejeitarei tanto um corpo que desejo? Por que
                    desejarei tanto um corpo que abandono...? País
                    crocodilo perpétuo na espreita do sol no belo lodo
          País droga
          Panteão de ervas podres e estrelas com tua graça tentálica
                    essas vastas e ociosas imagens selvagens do infinito
                    cobertas de cipós...!

                                        (Tradução de Antonio Miranda)

 

 

Descida no Olvido

 

Aqui estão os mortos, sentados, imóveis no Tempo;
adorando sua pálida, eterna fogueira, estranhamente sombrios
em sua reunião solitária.
Aí estão, invadidos por teias azuis;
povoados por úmidas músicas, por tenazes cigarras.
Sobre eles a corrente de ar pesou, e seus gentos de
antigamente, seus corpos de vapor,
se condensam de repente em alongadas chuvas.
Não; não fale um idioma esquecido. Não pronuncies teu nome.

Que não girem com letal lentidão a suja, tormentosa cabeça.
Que não te reconheçam seus vazios corações comidos pelos pássaros.

 

(Tradução de Antonio Miranda)

         


 

Deuses da América

 

 

Como raios que partem para o desterro,
com o velho alarido de suas vítimas
um a um passaram, rodando da pétrea coroa do altar
que sustentara seu pavor esplêndido.

Sua nuvem sozinha, com seus mitos frios

gira no sereno, como um triste pássaro;
e da fogueira,
apenas a chama da urtiga sobe
ao pé de pirâmides truncadas pelos tempos.

Nenhuma sombra ali pousa a oferenda,
nem o olho do humano, sob as lágrimas, contempla

Fulgir no vazio sua cólera emplumada.

Deuses da América. Apenas o jacaré açoita
com sua cauda de lama vosso orgulhoso império.

Espalhados colores de dentes e de guerras

onde agoniza o trono como uma besta ferida

e a funesta terra do silêncio devorta

a navalha de ônix, a vasilha de cerâmica
com seu morte de cócoras
em cujos verdes lábios de pele seca ainda fulgura

o Salmo da Chuva,

o Salmo do Ovo,
o Salmo da Luz e a Serpente.

 

Máscaras impregnadas de resina do chá,
iluminai o páramo, a neve,
e a pele dos séculos sobre os degraus
onde como uma ligeira tormenta de pó
ainda reza o sacerdote de orelhas feridas que decifra o oráculo.

Fabulosos globos de monstros e plumas, deuses,
cumes de pânico e grandeza.

Quem sou em ante vós, servo de um deus mais alto
                                               em cuja palma ferida

apenas pousa a pombar ardente da expiação?

Ignoro vossos cetros,

sei apenas  de vós a ruina, a humilhada cinza da fogueira,
a escada de pedra, o disco derrubado,
a múmia que gagueja centre as lagartixas sus plegárias solares,
vosso eterno louvor,
vossa lei, ó vencidas potestades amargas!

No entanto, geralmente, entre a tempestade,
ouço o uivo desses duros impérios devastados,
o rumor de umas perdidas glórias

que o pó diviniza.

 

 

(Tradução de Antonio Miranda)

         

 

MOLINA, Enrique.  Costumes Errantes ou A Redondeza da Terra. / Costumbres errantes o la redondez de la tierra. Organização, tradução  e nota prelimiar Floriano          Martins. Edição bilíngue Español e Português  Natal, RN: Sol Negro Edições, 2016.  124 p.   14 x 21 cm,  Coordenação editorial e projeto gráfico; Márcio Simões.     Tiragem: 80 exs.
Ex. bibl. Antonio Miranda

Busquei uma poesia nascida mais das sensações do que do intelecto. Isto não quer dizer que a minha, como toda poesia desse tipo, não tenha algum conteúdo intelectual, porém foi traduzido por outras vias expressivas que não são as do discurso lógico do pensamento. Há uma grande poesia de índole intelectual, como a de Mallarmé ou Jorge Guillén, porém a minha sensibilidade se inclina mais para uma poesia vivencial, como a de Neruda ou Vallejo.”  ENRIQUE MOLINA

 

Los Hoteles Secretos

 

El brillo nómade del mundo

Como un ascua en el alma una joya del tiempo

Se abre tan sólo al paso de ciertos lechos tormentosos

Arrastrados por la corriente

Hasta las escaleras cortadas por el mar

En ciertos antros de lujuria de bordes sombríos

Poblados por estatuas de reyes

Casi irreconocibles entre el reverberar de las antorchas

cuya luz es la hiedra que cubre los muros ¡Oh corazón orgulloso! Entrégate al fantasma apostado en la puerta

 

Ahora que tan bien te conozco Sin otra sed que tu memoria

Criatura melancólica que tocas mi alma de tan lejos

Invoca en las alcobas el éxtasis y el terror

El lento idioma indomable de la pasión por el infierno

el veneno de la aventura con sus crímenes ¡Oh! invoca una vez más el gran soplo de antaño En estas cámaras de piedra enlazada a tu amanteambos envueltos en la lona de los días perdidos como
el muerto en el mar
prontos a deshacerse en las hogueras instantáneas Sobre lechos de un metal misterioso que brilla en las
tinieblas bajo la zarpa de los candelabros
el coro de pájaros lascivos girando con furia en las
habitaciones selladas por el hierro de otras noches 

Pues tales antros solemnes cubiertos de flores carnívoras
Con mármoles que se pudren a la sombra de cabelleras
opulentas
Se balancean labrados pomposamente desde el portal

hasta la cúpula
Como la nave anclada sobre el abismo
Agitando con lentitud sus espejos para adormecer a la

mujer desnuda entre los verdugos que incineran el

corazón de la noche
Y el zaguán donde se cruzan la lluvia y la frustración
Los camareros con el rostro podrido por el tufo de las
flores acumuladas en los pasillos infinitos
El rumor de los suspiros sofocados
Los besos entretejidos en nácar tristísimo
La hierba sin nombre en que se hunden sus huéspedes
Repiten una vez más entre la sombra
La leyenda del amor que nunca muere

  

 

      Canción Amarilla

Tenía el sueño

    Sus bellas cavernas sagradas
Tenía los labios ávidos
El gusto de estar de pie

 

Tenía los gestos impuros
De recoger migajas sombrías
Siempre esos labios que no tuve nunca
Una ausente mujer a mi lado
El terror de las metamorfosis

 

Tenía lo oscuro para ver

Los espejos con aire de ladrones de niños

El dado de la aventura

La llanura de esos países

A los cuales se llega caminando hacia nunca

Cubiertos de nidos sin dueño

Cubiertos de pueblos que se alejan

 

Y estoy aquí con toda mi alma
Mientras la tierra me circunda
Con su cajón lleno de sal
Para guardar las grandes rosas

 

 

 

 

TRADUÇÕES por FLORIANO MARTINS

 

 

Os Hotéis Secretos  

O brilho nómade do mundo

Como uma brasa na alma uma joia do tempo

Se abre unicamente à passagem de certos leitos

    tormentosos
Arrastados pela corrente
Até as escadas cortadas pelo mar
Em certos antros de luxúria de bordas sombrias
Povoados por estátuas de reis

Quase irreconhecíveis entre o reverberar das tochas cuja

luz é a hera que cobre os muros
Oh coração orgulhoso!
Entrega-te ao fantasma postado na porta

 

Agora que tão bem te conheço
Sem outra sede além de tua memória
Criatura melancólica que tocas minha alma de tão longe
Invoca nas alcovas o êxtase e o terror
O lento idioma indomável da paixão pelo inferno
E o veneno da aventura com seus crimes
Oh invoca uma vez mais o grande sopro de antigamente
Nestas câmaras de pedra enlaçada a teu amante!
E ambos envoltos na lona dos dias perdidos como
o morto no mar

E prontos para se desfazerem nas fogueiras instantâneas
Sobre leitos de um misterioso metal que brilha nas

trevas sob a base dos candelabros
E o coro de pássaros lascivos girando com fúria nos

quartos lacrados pelo ferro de outras noites

Pois tais antros solenes cobertos de flores carnívoras
Com mármores que apodrecem à sombra de opulentas
cabeleiras

     E se balançam pomposamente lavrados do portal até a cúpula

     Como a nave ancorada sobre o abismo


Agitando com lentidão seus espelhos para adormecer a

mulher desnuda entre os ladrilhos que incineram o

coração da noite
E o saguão onde se cruzam a chuva e a frustração
Os camareiros com os rostos podres pelo tufo das flores

acumuladas nos corredores infinitos
O rumor dos suspiros sufocados
Os beijos entretecidos em nácar tristíssimo
A relva sem nome em que se afundam seus hóspedes
Uma vez mais repetem entre a sombra
A lenda do amor que nunca morre

 

 

         Canção Amarela

Tinha o sonho
Suas belas cavernas sagradas
Tinha os lábios ávidos
O gosto de estar de pé

Tinha os gestos impuros
De recolher migalhas sombrias
Sempre esses lábios que não tive nunca
Uma mulher ausente ao meu lado
O terror das metamorfoses

Tinha o escuro para ver
Os espelhos com ar de ladrões de crianças
O dado da aventura
A planície desses países
Aos quais se chega caminhando em direção ao nunca
Cobertos de ninhos sem dono
Cobertos de povoados que se afastam

E estou aqui com toda a minha alma
Enquanto a terra me circunda
Com seu caixão cheio de sal
Para guardar as grandes rosas
                                                                                                         

 

 

 

Página publicada em abril de 2009, ampliada em fevereiro de 2016. Ampliada em novembro de 2017; Amnpliada e republicada em maio de 2019


 
 
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