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Sobre Antonio Miranda
 
 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 




FLORIANO MARTINS 
(Fortaleza, 1957).

Poeta, editor, ensaísta e tradutor. Tem se dedicado, em particular, ao estudo da literatura hispano-americana, sobretudo no que diz respeito à poesia.. Foi editor do jornal Resto do Mundo (1988/89) e da revista Xilo (1999). Em janeiro de 2001, a convite de Soares Feitosa, criou o projeto Banda Hispânica , banco de dados permanente sobre poesia de língua espanhola, de circulação virtual, integrado ao Jornal de Poesia. (Currículo completo ao final, depois dos poemas).


TEXTO EN ESPAÑOL y/e TEXTO EM PORTUGUÊS

10 POEMAS

   

1. AULA PRÁTICA 

Escavar por toda a arte. Em busca das vítimas da prestidigitação e do acaso. Dilatar a paisagem dos corpos até que se tenha a medida mais imprópria dos desastres. Quantas são as mortes que se repetem em cada túmulo violado? Objetos devorados pela ausência de sombras, desfeitos em si mesmos sem reparo. Vozes encalhadas nas vísceras do tempo, sangrando sinais que lidos por engano resultam em uma retórica de dilemas. Se o mundo caminha a largos passos descuidados, cuidar então para que lhe falte terra sob os pés. Afrontar o orgulho tosco do vazio e dizer-lhe no olho o quanto a dispersão o está matando com apenas uma jarra de gritos mal escritos. Buscar um sentido no outro, nos demais. Planejes ou não, todo o teu ser se arrasta dentro de ti. Evoluímos por galicismo. 

 

AULA PRÁCTICA

(Traducción por Benjamín Valdivia)  

Excavar por todo el arte. En busca de las víctimas de la prestidigitación y del acaso. Dilatar el paisaje de los cuerpos hasta que se tenga la medida más impropia de los desastres. ¿Cuántas son las muertes que se repiten en cada túmulo violado? Objetos devorados por la ausencia de sombras, deshechos en sí mismos sin reparo. Voces encalladas en las vísceras del tiempo, sangrando señales que leídos por engaño se resuelven en una retórica de dilemas. Si el mundo camina a largos pasos descuidados, cuidar entonces para que le falte tierra bajo los pies. Afrontar el orgullo tosco del vacío y decirle en el ojo cuánto la dispersión lo está matando con apenas un jarrón de gritos mal escritos. Buscar un sentido en lo otro, en los demás. Lo planees o no, todo tu ser se arrastra dentro de ti. Evolucionamos por galicismo.  

 

 


2. CULTIVO DE FARSAS
 

O crítico acena com sua vigilância embaraçosa. Abomina o que chama de pequenos ruídos da existência, mas se deixa embalar por um silêncio ensurdecedor. Considera impróprio o instinto e o adverte que não acatará suas impurezas. Não se fez crítico para proteger improvisos. Tudo nele está acima do instante, e movimenta-se garboso e único pelo curral de sua petrificada realidade. O crítico apascenta a rigidez de toda arte que a ele se submete. Rega o ossuário das vanguardas, lustrando seus feitos inesquecíveis, matraqueando entre comuns, enfeitiçado, acreditando-se igualmente irrepetível. Depois se desgarra de si e sai a dar cursos de leviandade, defendendo a arte ligeira que pode controlar com sua maçante vigilância.

   

CULTIVO DE FARSAS

(Traducción por Benjamín Valdivia)

 

El crítico gesticula con su vigilancia embarazosa. Abomina lo que llama pequeños ruidos de la existencia, pero se deja arrullar por un silencio ensordecedor. Considera impropio el instinto y le advierte que no acatará sus impurezas. No se hace crítico para proteger improvisados. Todo en él está encima del instante, y se mueve garboso y único por el corral de su petrificada realidad. El crítico apacienta la rigidez de todo arte que a él se somete. Riega el osario de las vanguardias, lustrando sus hechos inolvidables, haciendo ruido entre los comunes, hechizado, creyéndose igualmente irrepetible. Luego se desgarra de sí y sale a dar cursos de liviandad, defendiendo el arte ligero que puede controlar con su tediosa vigilancia.

 



3. ESTAÇÕES DO ACASO
 

Soletro os dias em cada coisa que me olha

quando me sinto a vê-la. É tudo.

E não há desculpas para o que faço.

 

Rosa Alice Branco

 

 

A cender o fogo pela sombra da chama.

Atear luz no olhar do tempo esquecido.

Assim um corpo (dela) diz como deseja

ser escrito pelo outro (dele) que o visita.

Ensinar ao corpo como sair de si.

Traçar eqüidistâncias entre as quedas.

Os pormenores do fogo (ela afiança)

são o melhor regaço dentro do olhar.

E o fixa com tanto esmero que as dobras

do corpo se despem ante o ruído dos passos

(dela) que são vestígios da sumição

das roupas (dele). Por onde o enigma

apura suas harmonias? Por onde um corpo

aprende a soletrar o outro? (ela não diz)

Esvaziar a noite de vícios que a definam.

Deixá-la sem chance de reconhecer-se.

Estar a esboçar um tratado de trevas

requer a cegueira precisa em cada afeição.

Quem plagiaria o suicídio ou a ruína?

Os dons são mecânicos, uma fábula gasta?

Na balbúrdia dos corpos descobrindo-se

um soletra o dia, o outro deslinda a noite.

Qual risco a língua desenha ao passar

de uma boca a outra? Não há exatidão,

exceto no desejo. Um corpo (ela o tenta),

ao cair no outro, é em si que repercute.

O amor tateia entre nódulos (ele matuta).

Uma atração sublime pelas dissonâncias

parece iludir a queda dos corpos amorosos.

O que tens no ventre (diz ele) é o abismo

de que me sirvo para um dia alcançar-me.

Apenas o acaso resguarda tais planos (ela).

Os corpos sondam o pendor pelo extremo.

Atear luz no olhar do tempo esquecido.

Acender o fogo pela sombra da chama.  

 

ESTACIONES DEL ACASO
Traducción: Trina Quiñones y Gonzalo Prieto.

Deletreo los días en cada cosa que me mira
cuando me siento a verla. Es todo.
Y no hay disculpas para lo que hago.

                                Rosa Alice Branco


Encender el fuego con la sombra de la llama.
Atizar luz en la mirada del tiempo olvidado.
Así un cuerpo (el de ella) dice cómo desea
ser escrito por el otro (el de él) que lo visita.
Enseñar al cuerpo cómo salir de sí.
Trazar equidistancias entre las caídas.
Los pormenores del fuego (ella permite)
son el mejor regazo dentro de la mirada.
Y lo fija con tanto esmero que los pliegues
del cuerpo se desnudan ante el ruido de los pasos

(de ella) que son vestigios de la desaparición
de las ropas (de él). ¿Por dónde el enigma
escoge sus armonías? ¿Por dónde un cuerpo
aprende a deletrear al otro? (ella no dice).
Vaciar la noche de vicios que la definan.
Dejarla sin la oportunidad de reconocerse.
Hacer el esbozo de un tratado de tinieblas
requiere la ceguera precisa en cada afecto.
¿Quién plagiaría el suicidio o la ruina?
¿Los dones son mecánicos, una fábula gastada?
¿En la bulla de los cuerpos descubriéndose
cuál trazo la lengua diseña al pasar
de una boca a la otra? No hay exactitud,
excepto en el deseo. Un cuerpo (ella lo tienta),
al caer en el otro, es en sí que repercute.
El amor palpa entre nódulos (él reflexiona).
Una atracción sublime por las disonancias
parece burlar la caída de los cuerpos amorosos.
Lo que tienes en el vientre (dice él) es el abismo
de que me sirvo para un día alcanzarme.
Apenas el acaso resguarda tales planos (ella).

Los cuerpos exploran la pendiente por el extremo.
Atizar luz en la mirada del tiempo olvidado.
Encender el fuego con la sombra de la llama.


 

 

4. PEQUENOS DIABOS RIDÍCULOS BAILANDO NA SOLEIRA DO ABISMO

Oh presas efêmeras de minhas visões

Olho os teus olhos de planta

Olhos de peixe à deriva de tudo

Olhos de estrelas náuticas ancoradas no acaso

Olhos dos sete círculos que as mãos de Beatriz me trazem um pouco antes do fim

Olhos de Heráclito

Olhos que me levam e já não tenho para onde voltar & o mar com seu grande hímen que inflama o arco do desejo

Olhos de garotos que se enforcam em pirâmides imaginárias & a esfinge submersa em galpões de espigas de ócio

Olhos de relâmpagos banidos das entranhas de mil virgens com hóstias fincadas na garganta

Olhos de âncoras das prostituas em fogo bebendo o licor que acumularam nos joelhos os suicidas

Olhos de bêbados que esfaqueiam o vento & os meninos artistas amordaçados pela secretíssima ordem das limitações

Olhos de totem atrás daquela montanha onde a nave mãe deposita seus ovos

TV ATÔMICA

& nossa voz com seus decibéis esfaqueados

Olhos cúmplices dos garotos selvagens que degolam a noite de nossos mitos largados no vagão da eternidade

 

Oh cicatriz sinistra

 

- pleno assalto das visões -

 

é a hora impreterível de mastigarmos a vida com tesão

 

Arranco de mim o meu sexo

e com ele

mato

a tua fome  

 

PEQUEÑOS DIABLOS RIDÍCULOS BAILANDO EN EL UMBRAL DEL ABISMO

(Traducción por Carlos Osório)

 

Oh presas efímeras de mis visiones

veo tus ojos de planta

Ojos de pez a la deriva de todo

Ojos de estrellas náuticas ancladas en el azar

Ojos de los siete círculos que las manos de Beatriz me traen un poco

antes del fin

Ojos de Heráclito

Ojos que me llevan y ya no tengo a dónde volver & el mar con

su gran himen que inflama el arco del deseo

Ojos de muchachos que se ahorcan en pirámides imaginarias & la

esfinge sumergida en galpones de espiga de ocio

Ojos de relámpagos desterrados de las entrañas de mil vírgenes con

hostias hincadas en la garganta

Ojos de refugios de las prostitutas en fuego bebiendo el licor que

acumularon en las rodillas los suicidas

Ojos de borrachos que acuchillean el viento & los niños artistas

amordazados por la secretísima orden de las limitaciones

Ojos de tótem detrás de aquella montaña donde la nave madre deposita sus huevos

 

TV ATÓMICA

& nuestra voz con sus decibeles apuñaleados

Ojos cómplices de los muchachos salvajes que degüellan la noche de

nuestros mitos tirados en el vagón de la eternidad

 

Oh cicatriz siniestra

- pleno asalto de las visiones –

 

es la hora inaplazable de que mastiquemos la vida con tesón

 

Arranco de mí mi sexo

y con él

mato

tu hambre

 



5. EXTRAVIO DE NOITES, 9

 

O corpo está tomado de véus

que são cortes profundos na pele

e são taças de um desastre

no bosque de teus sonhos:

o corpo folheado com seus recortes de gozo

e estamparias laminadas que são rabiscos

na pedra esboçada em teu ventre

e pentelhos de fogo como árvores que se exibem

ante um derrame de vozes:

o corpo onde estavas quando a noite

entoava ventanias e um olho a descoberto

engolia toda a paisagem imaginada:

o corpo em ruínas que se estreitam

a recompor vertigens que são nomes inscritos

em aves rochosas que se chamam coxas

e um tropel de vultos ao passar de páginas de teu corpo:

por noites te chamo mascando nomes

como um dilema febril a confundir imagens

como credenciais a evocar rasgos

que anunciam a tormenta da restauração:

o corpo se refazendo a cada anúncio do fim.

 

EXTRAVÍO DE NOCHES, 9

(Traducción por Carlos Osório)

 

El cuerpo está tomado por velos

que son cortes profundos en la piel

y son tazas de un desastre

en el bosque de tus sueños:

el cuerpo hojaldrado con sus recortes de gozo

y estampados laminados que son garabatos

en la piedra esbozada en tu vientre

y peinados de fuego como árboles que se exhiben

ante un derrame de voces:

el cuerpo donde estabas cuando la noche

entonaba ventoleras y un ojo al descubierto

engullía todo el paisaje imaginado:

el cuerpo en ruinas que se aprietan

para recomponer vértigos que son nombres inscritos

en aves rocosas que se llaman muslos

y un tropel de siluetas al pasar las páginas de tu cuerpo:

durante noches te llamo mascando nombres

como un dilema febril confundiendo imágenes

como credenciales evocando rasgos

que anuncian la tormenta de la restauración:

el cuerpo rehaciéndose a cada anuncio del fin.

 



6. NOS BOLSOS DA SONÂMBULA

 

A solidão está na esperança,

no triunfo, no riso e na dança.

 

Luiz Cardoza y Aragón

 

A solidão estava por toda a casa, enquanto caminhava ausente de si. Por vezes dançava e ria, no triunfo de uma quase debilidade. O corpo movendo-se entre o espasmo e a heresia. Dança de esvoaçante nado. O garoto a via no mergulho em um engodo ancestral, debatendo-se pelas ramagens da própria queda. Havia um cheiro que levaria consigo até a essência de seus escritos. A mulher ali à frente ritmava-lhe a infância. Ele, o insone; ela, a sonâmbula.

Nada disso. Intuía ser outra a razão da presença/ausência de ambos. Nada lhe era de todo invisível. Vendo-a insinuar-se no desenho rítmico de seus acolhimentos, um mundo começava a abrir-lhe parênteses, recebia recados do acaso, anotava sigilosas imagens. Vê-la caminhar pelas dobras de um abismo interior era uma fortuna inigualável. Decerto deixaria que toda a infância fosse tomada pelo espectro indomável daquela mulher recebendo distintas entidades. Mas não. O tempo com ela não se deteve o suficiente. Logo se foi sem tambores.

Os tambores ele próprio desenhou. A sonâmbula trazia muitas vozes nos bolsos de sua pele. Antes dela a mãe tremia ao descrever assombrações que lhe assaltavam as noites. O convulsivo dança enquanto dura a projeção do abismo. Aqueles tambores todos sondavam-lhe o baile ulterior. Acompanhara o roçado secreto daquela mulher, manifestações com chumaço ou praga, guizalhados, bufos, zumbidos, martelares, guinchos, cacarejos. Tambores.

Amara aquela mulher, mais do que duas primas que sorrateiras enfarinharam de encantos alguns momentos guardados de memória. A idéia do perdido se construía com delineada firmeza. Um tufo de alegorias, uma untura de espantos, o isqueiro do cognoscível. A memória dançava. Corpo segurado por outro, agitando-se em círculos incansáveis. Mares de fibra cobrindo e descobrindo a cena. Um teatro do encoberto. Terra de outros ares sendo ela mesma a própria terra e sua impossibilidade.

O corpo nu lhe atraía, tanto quanto a astúcia e o menoscabo do riso dos tambores. Porém nada como a inocência daquele olhar quando retornava a si e lhe indagava o que se passara. A solidão voltava de uma longa viagem. Mil vezes a mesma tarde, o mesmo longo trajeto, insondável sempre. Um precário destino com os bolsos esburacados por planos que jamais compartilhariam realidade alguma.

   

EN LOS BOLSILLOS DE LA SONAMBULA

(Traducción por Jorge Ariel Madrazo)

 

La soledad está en la esperanza,

en el triunfo, en la risa y la danza.

 

Luis Cardoza y Aragón

 

La soledad estaba por toda la casa, mientras caminaba ausente de sí. Por momentos danzaba y reía, en el triunfo de una casi debilidad. El cuerpo, moviéndose entre el espasmo y la herejía. Danza como natación revoloteante. El muchacho la veía en la zambullida dentro de un anzuelo ancestral, debatiéndose en los ramajes de la propia caída. Había un olor que se llevaría consigo hasta la esencia de sus escritos. La mujer, allí frente a él, le ritmaba la infancia. El, insomne; ella, la sonámbula.

Nada de eso. Intuía que era otra la razón de la presencia/ausencia de ambos. Nada le era por completo invisible. Viniendo a insinuarse en el diseño rítmico de su acogida, un mundo comenzaba a abrirle paréntesis, recibía recados del azar, anotaba imágenes sigilosas. Verla caminar por los pliegues de un abismo interior era una fortuna inigualable. Ciertamente, dejaría que toda la infancia fuese tomada por el espectro indomable de aquella mujer, que habría de recibir distintas entidades. Pero no. El tiempo con ella no duró lo suficiente. Se fue luego, sin tambores.

Los tambores, él mismo los diseñó. La sonámbula traía muchas voces en los bolsillos de su piel. Antes de ella, la madre temblaba al describir ciertas visiones que asaltaban sus noches. El convulsivo danza en tanto dure la proyección del abismo. Todos aquellos tambores le sondeaban el baile ulterior. Acompañaría al acariciado secreto de esa mujer, manifestaciones con manojos o plagas, tintineos, burlas, zumbidos, martillazos, chillidos, cacareos. Tambores.

Amaría a aquella mujer, más que dos primas que, escondidas, enharinaron de encantos algunos momentos atesorados en la memoria. La idea de lo perdido se construía con delineada firmeza. Un hartazgo de alegorías, untura de espantos, el mechero de lo cognocible. La memoria danzaba. Cuerpo sostenido por otro, agitándose en círculos incansables. Mares de fibra cubriendo y descubriendo la escena. Un teatro de lo encubierto. Tierra de otros aires y, a la vez, ella misma su propia tierra y su imposibilidad.

El cuerpo desnudo lo atraía, tanto como la astucia y el menoscabo en la risa de los tambores. Sin embargo, nada como la inocencia de aquella mirada, cuando vuelta a sí misma lo interrogaba por lo que acontecía. La soledad regresaba de un largo viaje. Mil veces la misma tarde, el mismo largo trayecto, insondable siempre. Un precario destino, con los bolsillos agujereados por planes que jamás compartirían realidad alguna.

 


7. O JOGO DAS FORMAS

 

A loucura terá seus anúncios? O colecionador de pentelhos em caixas de fósforo, a caluniosa simpática que fazia-se coxa quando lhe descobriam a tramóia, o trêmulo a rabiscar paredes com os dedos sangrados. Loucos em banheiras planejando golpes de estado, renúncias de cargo algum, assuntos evitados. Em quantos vasos percorre o mundo a loucura? Haverá mesmo uma?

Ao visitar a tia, nenhum diálogo se completava. O argucioso é tudo menos louco. E o garoto logo perceberia viver em um nicho de evasivas. A avó desconversava quando vinha com suas inquietudes acerca de Deus. Aos 13 anos a visita de um parente bispo coroara o assunto. Deus era um grande equívoco e a loucura não passava de um blefe. Toda prova é circunstancial, mas pode ser usada para fins distintos. O silêncio arremeda autismo e dissidência. Para onde me mova, estou em tuas mãos.

Quedas são transcritas por exímios copistas. Estados de pânico, angústias banais, violências súbitas. A tia escorregava em um lodoso silêncio, sempre que ele falava em sua mãe. Acendia um cigarro e logo o largava. Procurava algo nos bolsos. E retomava o que bom que você veio me ver . Não retornou mais ali.

Também sentia-se só. Os sonhos se dispersaram. Já não era mais garoto. As casas foram vendidas. Uma delas demolida. Não tinha consigo um único daqueles milhares de livros. Os parentes todos morreram. Apenas a tia ainda vivia, uma irônica relação entre ser e tempo. Qual a medida da loucura naquilo tudo? Qual a medida de nossa presença em tudo o que fazemos? A loucura é o que deixamos escapar, o que não conseguimos ser?

O menino levava consigo uma pequena caixa de madeira. Dentro havia duas lâminas de vidro, uma tesoura minúscula cuja forma era a do encontro de suas cobras, e um raro acervo de figuras as mais insólitas. As imagens se repetiam ao excesso – janelas, molduras, livros abertos, corpos humanos, fogueiras – e pareciam não ter fim. Ao buscar o livro que seria as asas de um lagarto planejando a fuga diante de uma janela aberta, retirou da caixa milhares de recortes, amontoados ao redor. Descontente afirmara que o infinito tem seus próprios dilemas e então recortou as abas de dois livros e com elas o lagarto se foi. Todos aqueles papelotes retornaram a um ninho de dimensões impossíveis de contê-los.  

 

EL JUEGO DE LAS FORMAS

(Traducción por Jorge Ariel Madrazo)

 

¿La locura tendrá sus anuncios? El coleccionador de vellos púbicos en cajas de fósforos, la simpática calumniosa que fingía ser coja cuando le descubrían la tramoya, el ávido por garabatear paredes con los dedos sangrados. Locos en bañeras planeando golpes de estado, renuncias a ningún cargo, asuntos evitados. ¿En cuántos recipientes recorre el mundo la locura? ¿Habrá acaso solo una?

Al visitar a la tía, ningún diálogo podía completarse. El hábil en argucias es todo, menos loco. Y el muchachito se sentía viviendo en un nicho de evasivas. El abuelo cambiaba de tema cuando saltaba con sus inquietudes acerca de Dios. A los 13 años, la visita de un pariente obispo ponía al asunto un broche de oro. Dios era un enorme equívoco, y la locura no pasaba de un bluff. Toda prueba es circunstancial pero puede ser usada para distintos fines. El silencio imita autismo y disidencia. Para donde me mueva, estoy en tus manos.

Las caídas son transcriptas por copistas eximios. Estados de pánico, angustias banales, violencias súbitas. La tía se deslizaba por un silencio enlodado cada vez que él hablaba de su madre. Encendía un cigarro y luego lo abandonaba. Buscaba algo en los bolsillos. Y retomaba aquello de: Qué bueno que has venido a verme. No volvió más allí.

Se sentía solo, también. Los sueños se dispersaron. Ya no era un muchacho. Las casas, vendidas. Una de ellas: demolida. No tenía consigo ninguno de aquellos miles de libros. Todos los parientes murieron. Apenas la tía vivía aún, una irónica relación entre ser y tiempo. ¿Cuál es la medida de la locura en todo aquello? ¿Cuál es la medida de nuestra presencia en cuanto hacemos? ¿La locura es lo que dejamos escapar, o lo que no logramos ser?

El niño llevaba con él una pequeña caja de madera. Dentro había dos láminas de vidrio, una tijera minúscula cuya forma semejaba el encuentro de sus culebras y un raro acervo de figuras, en su mayor parte insólitas. Las imágenes se repetían hasta el exceso -ventanas, molduras, libros abiertos, cuerpos humanos, hogueras- y parecían no tener fin. Al buscar el libro que sería las alas de un lagarto planeando la fuga ante una ventana abierta, retiró de la caja millares de recortes amontonados alrededor. Descontento, afirmaría que el infinito tiene sus propios dilemas, y entonces recortó los faldones de dos libros, y con ello el lagarto se fue. Todos aquellos papeles retornaron a un nido cuyas dimensiones hacían imposible contenerlos.

 



9. VESTES
 

Os panos nus.

Nenhuma imagem sangrando na pele

de tecidos prontos para o afago.

Recito essa nudez com um par de asas.

Um demônio agachado,

colando os lábios nos meus.

De onde me vês serei um córrego de ossos,

calcinado deleite de tuas almas,

umas poucas, as que não souberam

preservar o horror que as antecipa

e compreende.

Rostos engordurados em cerimônias…

E como te postas, demônio,

mordendo-me os seios, como te postas?

Um olhar a escolher ossos.

Carvões astutos e conhecedores da fábula.

Vê bem o que trago comigo,

este corpo minguado em débeis luas.

Preparas uma pele para mim?

Dá-me tuas facas, esporões, chifres,

a ponta imperfeita de teu falo.

Vês como me faço em mil coxas,

viscosas como iscas, e todas soletram

a queda que anuncias.

Os panos

sobre o vazio, nus.

Equilíbrio voltado para o chão,

rostos desfeitos de vítimas que não alcançam mais ofertório, o pé de um deus encontrado em escavações, por onde me sagras,

puto demônio,

por onde

me despedaças desejosa de tua saúde.

Meu corpo em lascas, santuário decrépito

de tua perversão,

cascos me arranhando o tecido da memória, sim,

uma mínima dor palmilha insuspeitas procedências,

e sabes o quanto me dói tua abundância,

o pote que indicas e ansiosa ponho-me a buscar ali a resposta para o aflito cultivo

de dores

por todo meu corpo.

Carrego comigo todas as formas

com que me atacas.

Quais máscaras perpetuamos, as minhas, as tuas?

Meus lábios te queimam a pele.

Óleos acesos enquanto nos desfazemos.

Os panos como papiros, inscrições invisíveis que ensinam a manter quente a cabeça de um deus morto.

Nus.

Com a medida do inferno de cada dobra

do tecido de que somos feitos.  

 

VESTIMENTAS

(Traducción por Jorge Ariel Madrazo)

 

Paños desnudos.

Ninguna imagen sangrando en la piel

de tejidos listos para la caricia.

Recito esa desnudez con un par de alas.

Un demonio agachado

pegando sus labios a los míos.

De donde tú me ves, yo sería un arroyo de huesos,

calcinado deleite de tus almas:

unas pocas, las que no supieron

preservar el horror que las anticipa

y comprende.

Rostros engordados en ceremonias...

¿Y cómo te ubicas, demonio,

mordiéndome los senos, cómo te ubicas?

Un mirar para escoger huesos.

Carbones astutos y conocedores de la fábula.

Mira bien lo que traigo conmigo:

este cuerpo menguado en débiles lunas.

¿Preparas una piel para mi?

Dame tus cuchillos, espolones, cuernos,

la punta imperfecta de tu falo.

Ves cómo me hago en mil muslos,

viscosos como cebos, y todos deletrean

la caída que anuncias.

Los paños

sobre el vacío, desnudos.

Equilibrio derrumbado hacia el suelo,

rostros deshechos de víctimas que ya no alcanzan el ofertorio, el pie de un dios hallado en excavaciones por donde me consagras,

puto demonio,

por donde

me despedazas deseosa de tu salud.

Mi cuerpo en astillas, santuario decrépito

de tu perversión,

cascos arañándome el tejido de la memoria, sí,

un mínimo dolor recorre procedencias insospechadas,

y sabes cuánto me dolía tu abundancia,

el pote que indicas y, ansiosa, me lanzo a buscar allí la respuesta para el afligido cultivo

de dolores

por todo mi cuerpo.

Cargo conmigo todas las formas

con que me atacas.

¿Qué máscaras perpetuamos: las mías, las tuyas?

Mis labios te queman la piel.

Aceites encendidos mientras nos deshacemos.

Paños como papiros, inscripciones invisibles que enseñan a mantener caliente la cabeza de un dios muerto.

Desnudos.

Con la medida del infierno en cada pliegue

del tejido de que estamos hechos.

 



10. ALGURES UM MAPA

Quantas serão as migalhas do espírito,

quando este mal soletra seus extravios?

Um bocado de nada, quanto lhe custa?

 

Quantas vezes suportará o desatino de ser

tão excessivamente nada entre escombros?

Qual preço em cada agulha que o desfia?

 

Uma vez que empalidece o mapa da ilusão,

já não reconhece um vestígio próprio.

De tanto olhar para si, quantos vê ainda?

 

Será deste modo que se esvai, tão líquido?

Quem quer que encontre durante a queda,

com nenhum contará que o defenda de si.

 

Estará sempre em débito com os espelhos,

as imagens se despedaçando a cada lustre.

Que importa quantas eram um minuto antes?

 

Ao levar as mãos aos olhos quanto repinta

do que até então nem presume haver perdido?

Saberia se desfazer do que ainda não teve?

 

Quanto escavará a lembrança e a ambição,

sem distinguir a qual cova mais se dedique?

Ao roer as vozes que o cercam, apenas cinzas.

 

Formas arrastadas para o limite do ilegível.

Onde pouso a mão sem que me escapes , diz.

E já quase nada mais dizia, limitado à queda.

 

Planejaria tornar a cada espelho submerso,

para refazer-se da imagem mal vislumbrada?

Quanto lhe custaria em naufrágios, interessa?

 

Corpos da ilusão imersos em água salgada,

como rios atormentados por um ritual.

Quantas vezes não somos senão o que fomos?

 

Algures um deus, um menino travesso, luz

queimada em plena ilustração do espírito.

Quanto custa percorrer a dor inteira?

 

O que mais revira o ser que seu reverso?

Uma grande língua que vare toda a vida,

e que nos fale o que temos de mais íntimo.

 

Cair na traquinagem do tempo ou do espaço,

eis como ceder à arte de matar o espírito.

Quanto de mim deposito na conta do viver?

 

Em comum, os escrúpulos da inocência

e as suspeitas de crime, o que têm?

Decaído o espírito flerta com vagos perfis.

 

Quem sabe o peso do vazio e seu destino,

calcule a tarifa da postagem e lamba

o selo como o espinhaço do infortúnio.

 

O que subscrevo quando me livro de mim?

Para onde vou se observo o mar caindo

por toda parte e tudo é rio desmoronado?

 

Esticar o limite do fim até que rebente.

Que a ilusão não tenha sossego e se rompa,

como a esperança arruinada por capricho.

 

Quantas as migalhas vagando pelo bosque,

desencontradas do que já nem fantasiam,

o espírito encalhado em conjecturas?

 

Um rosário de quedas, a que preço?

Qual transparência suporta uma noite

de sono bem acomodada em si mesma?

 

As imagens se retorcem, feito uma chama

dentro do fogo. Um pássaro diz-se outro

ao desfazer-se de suas asas carbonizadas.

 

Como reter a escrita de um espírito findo?

Por onde cai salpica labirintos e ressurge

e, ósseo, volta a morrer por toda parte.

 

Desfazer-se da neblina, da areia, dos golpes

do desejo lavrados na pele da prudência,

custa mais caro que a insônia, quem banca?

 

Quanto se pede pelo enredo da s